14 de febrero de 2009

(Capitulo 2) La Tormenta

Todo comenzó una tarde fría y nublosa de Octubre. En todo el día el sol no había logrado asomar ni la mirada entre las nubes que se arremolinaban, los árboles se doblaban con el viento y una horrible llovizna anunciaba la inminente llegada de la borrasca. Aquel día hubiese sido como cualquier otro de no ser por lo inusual de una tormenta de ese tipo en pleno otoño; una vez terminadas las clases en la universidad decidí seguir las advertencias de los noticieros e ir a casa lo mas pronto posible. Me empapé completamente mientras corría hacía el automóvil aunque ya dentro me sentí un poco más tranquilo. El ruido de la calefacción se mezclaba con el sordo traqueteo de la lluvia, mientras que de las rendijas escapaba un aire lleno de polvo con olor a quemado y que me aliviaba un poco las narices. No hacía mucho frío pero la ropa mojada lo hacía parecer mucho peor de lo que era en realidad. Después de entrar en calor y sintonizar el noticiero en el radio salí de la universidad rumbo a mi casa. Miré mi reloj, eran las 6 de la tarde.

Unos minutos después de que dejé la universidad la lluvia se convirtió en un aguacero torrencial y más parecía una infranqueable cortina de agua, aquella tormenta acaparaba la atención de los noticiosos y supe que ya había inundado algunas partes de la ciudad y varias calles importantes estaban anegadas y con tráfico lento, supe de inmediato que no podría cruzar por el centro de la ciudad y a mi juicio resultaba imprudente usar la vía subterránea con semejante borrasca en curso. Tras meditar rápidamente en un semáforo me decidí por usar la calzada que corre junto al canal y que da un largo rodeo a la ciudad, una avenida poco concurrida y en la que abundaban las naves industriales. Aquella avenida lucía como siempre vacía y tétrica, con el pavimento lleno de baches y parches que dejaba el continuo circular de los pesados camiones de carga. Pronto llegué al puente que cruza sobre el canal y cuando iba a la mitad el auto se apagó sin motivo aparente, el espacio se iluminó por completo y un instante después el atronador bramido de un trueno casi me revienta los tímpanos. Quedé atontado por unos momentos pensando que me había quedado sordo; luego comprobé que aún escuchaba el estruendo del agua cayendo, los relámpagos azotando el cielo y el ventilador funcionando al máximo. No podía ver nada hacia adelante ni hacia atrás y fuera la neblina era tan espesa que hasta dentro del auto parecía percibirse.

Aún atontado miré mi reloj y lo que vi me desconcertó: los dígitos se habían congelado, le di unos golpecitos para ver si reaccionaba pero no sucedió nada. Un escalofrío me recorrió la espalda mientras intentaba encontrar la posible explicación a aquella anomalía y poco a poco el miedo comenzó a apoderarse de mi. Aún sin dejar que el pánico me dominase pensé en salir de aquel mal paso en el auto e intenté encenderlo sin saber si aún funcionaba, palpé el tablero para cerciorarme de que el motor estuviera encendido pero la lluvia hacia vibrar al auto de tal forma que no pude estar seguro de ello. Ya estaba totalmente oscuro y ya no sabia si seguía lloviendo o era algún otro cataclismo apocalíptico; no podía pensar racionalmente, el estruendo me había ensordecido, había dejado de ver y seguro pronto dejaría de sentir. Busqué con desesperación la manija del automóvil y sin pensar mucho hice lo único que podía hacer: huir. La idea fue estúpida, cuando abrí la puerta una masa de agua turbia me golpeó en el rostro furiosamente y me sacó del auto en un instante, me sujeté y traté de encontrar el piso bajo mis pies sin lograrlo. Aquel torrente furioso amenazaba con arrancarme de mi asidero en cualquier momento y cuando sentí que ya no podía sostenerme por más tiempo, el nivel del agua bajó de repente y por fin sentí el piso bajo mis pies. No fue por mucho tiempo: una colosal ráfaga de viento me arrebató como si fuera un guiñapo y me levantó por los aires en medio de la tormenta. Vi mi auto y la calzada desde lo alto y fue entonces que supe que aquel era mi fin, algunos instantes después todo se volvió negro.

No sé por cuanto estuve inconsciente pero debió ser mucho tiempo. Desperté con sobresalto, arrojado sobre un montículo de nieve al lado de un desfiladero de profundidad insondable. Tenía la cabeza cubierta de sangre seca y congelada, y la humedad de mi ropa también se había congelado creando miles de pequeñas agujas de hielo que se me clavaban despiadadamente antes de romperse cada vez que me movía. Arrastrándome intenté resguardarme de aquella tormenta detrás de un saliente rocoso en la pared de granito que se elevaba a mi derecha y cerré los ojos, intentando despertarme de aquel mal sueño. Aquello no podía estar sucediendo ¿dónde estaba? ¿Cómo rayos había ido yo a parar a aquel lugar? ¿Estaría muerto? Quizás pero ¿aún muerto sentiría ese dolor tan punzante? Incluso aún si lo estaba quizá sería mejor pensar que seguía vivo y no dejarme morir.

Me levanté y avancé vacilante por la orilla de aquel risco, sometido a la mortal atracción del abismo y con el viento amenazando todo el tiempo con arrojarme a las afiladas rocas del fondo. Sin saber hacia dónde ir ni de dónde saqué fuerzas para caminar, erré sin rumbo durante mucho tiempo contra la ventisca. Cada paso que daba era una tortura insoportable: las costras de hielo que se formaban eran filosas y duras y ya habían convertido mi ropa en un montón de jirones que en absoluto servían para protegerme del frío. Avanzaba cada vez menos y aunque había dejado de sangrar, las fuerzas me faltaban y no tenía muchas esperanzas de salir vivo de aquel infierno. Pero no me dejaría morir, mi carácter obstinado no me dejaría rendirme hasta que las fuerzas me fallaran y quedara completamente exánime.

Busqué algo que me diese esperanza, una ruta para bajar de aquel lugar ó un refugio dónde pudiera protegerme hasta que pasara la tormenta. Como respondiendo a mis pensamientos el viento dejo de soplar por un momento y hubo un pequeño claro entre las nubes por el que creí ver, no muy lejos allá abajo, un borroso grupo de luces en medio de un bosque tenebroso, la visión desapareció en unos instantes pero me fue suficiente. No podía estar muy lejos de ahí y con algo de esperanza me levanté y di unos pasos en la dirección que vi aquellas luces. Sentí que me faltaba un punto de apoyo, algo crujió debajo de mi y traté de afianzar los pies, en ese momento el piso se hundió y dando un grito de terror traté de sujetarme de la nieve pero fue inútil, caí en un túnel horadado en el hielo y me deslicé a gran velocidad a través de él provocándome múltiples cortaduras en los brazos y en la espalda. La oscuridad abandonó el túnel dando paso a una luz dorada que resplandecía en las paredes de hielo y aquel tobogán terminó -tan abruptamente como había empezado- en una caverna del tamaño de una habitación. Choque contra un cristal que estalló en pedazos y caí violentamente sobre el suelo de piedra y sobre mi un pesado montón de nieve que me sepultó. Quedé sin moverme por varios minutos, aún tratando de cubrir mi cabeza de alguna roca que hubiera arrastrado durante mi estelar aterrizaje y temí haberme fracturado algo. Cuando por fin me atreví a moverme y abrí los ojos quedé completamente estupefacto, lo que vi era difícil de creer y tal vez un poco más difícil de describir.

Estaba en una habitación, más bien en una caverna que había sido adaptada como habitación. De la parte alta de la gruta colgaban dos candelabros de madera y rematados en oro que difuminaban aquella luz dorada que percibí en el interior del túnel de hielo. Frente a mi había una pesada puerta de caoba con unas extrañas inscripciones en unos caracteres que tenían un curioso parecido al alfabeto que había creado para mis escritos. Dicha puerta se encontraba justo al centro de una pared adornada con tapices, cuadros de hermosos paisajes y retratos de hombres y mujeres de una época muy lejana. Las paredes adyacentes estaban cubiertas por libreros que llegaban hasta el techo y al fondo de aquella gruta-habitación había unos cojines muy grandes, dos sillones, un diván y una mesita con un jarrón sosteniendo unos alcatraces marchitos. Empecé a dudar de la realidad de lo que veía y mientras más lo veía, más extraño me parecía y menos lo creía. ¿Alucinaba? De lo único que estaba seguro es que me sentía exhausto y fue por ello que dejé de divagar acerca del porque de la existencia de semejante gruta habitada en medio de una montaña sacada del Himalaya, ni remotamente parecida a los cerros en los que estaba enclavada mi ciudad.

No sabía bien que hacer y empecé a sentirme muy nervioso. ¿De quién sería aquel lugar? ¿Cómo le explicaría mi presencia ahí? Evidentemente el lugar estaba enterrado en la nieve para mantener su secreto y al dueño no le agradaría que lo hubiese descubierto, aunque en realidad no servía porque no tenía ni la más remota idea de dónde estaba ¿Qué podía decirle?

- Buenas tardes – dije bobalicón en una conversación imaginaria – disculpe usted, soy David y acabo de romper el vidrio del tragaluz de su biblioteca, lamento los inconvenientes… ¿de casualidad no tendrá algo para comer? –

Reí un poco con mis propias ocurrencias mientras me armaba de valor, quizás con un poco de suerte podría encontrar la salida de aquel lugar subrepticiamente y luego… ¿Qué haría? ¿Correr? ¿Hacia dónde? ¿Sabría encontrar el camino hacia el pueblo más cercano? Quizás el dueño del lugar sería alguien comprensivo y me dijera como regresar a mi lugar, no podía ser muy lejos ¿Qué tanto podría arrojarte un viento enfurecido? ¿Algunas decenas de kilómetros? Como fuese decidí salir y buscar algún lugar donde esconderme mientras decidía que hacer. Me levanté y abrí la puerta de la habitación, y si de por sí lo que ya había visto era inimaginable, lo que a continuación vieron mis ojos carece de palabras que lo alcancen a explicar correctamente. Me encontré en una caverna de proporciones colosales, prácticamente inconmensurables, aquella no era una caverna, era una enorme bóveda oval en cuyo centro se elevaba un majestuoso trono de terciopelo y plata que, a pesar de la penumbra en que estaba sumida la caverna, brillaba misteriosamente. Frente a él un camino ricamente embaldosado conducía a una enorme puerta metálica que parecía estar hecha de plata pulida e iluminada por un rayo de luz salido de quién sabe dónde. El techo se perdía en la oscuridad y altas columnas de granito de por lo menos unos 3 metros de diámetro, bordeaban majestuosamente todo alrededor de aquella sala y se elevaban hacia esa negrura espesa dónde desaparecían. A media altura, en toda la pared de alrededor de la sala había un amplio pasillo, bordeado por un barandal blanco y con estatuas de ángeles por aquí y por allá. Varias puertas a la derecha y a la izquierda delataban la existencia de más habitaciones, mientras que el pasillo se perdía en la oscuridad.

Perdí la noción del tiempo mirando maravillado todo aquello, no sé bien cuanto tiempo estuve ahí pero casi olvidé todo lo que había sucedido. Me había olvidado completamente del por qué o dónde podía estar aquel palacio esculpido en la roca. No sabía y tampoco me importaba a quién pertenecía ó había pertenecido: ese lugar no tenía parangón y no existía un palacio sobre toda la faz de la Tierra que pudiese competir con él.

Finalmente el cansancio me arrebató de mis pensamientos, las fuerzas me abandonaron y todo empezó a ponerse negro, caí de bruces. Mi último recuerdo fue el de unos pies calzados en oro cuya dueña toco mi frente y dijo algo en un idioma que no comprendí, después de eso todo se oscureció.

7 de febrero de 2009

Borrasca Primaveral

Debo admitir que los títulos no son mi fuerte, quizá lo que más tardo en idear y aterrizar siempre que me decido a escribir es el título. No parecen importar todos los años que he pretendido escribir, ni las cuartillas y cuartillas que he consumido inútilmente a diario tratando de plasmar lo que siento, lo que veo y a veces lo que imagino; siempre ha de llegar el maldito momento de titular lo escrito. Entonces paso horas y horas pensando un título que me convenza sobre lo que he escrito, tan solo para luego borrarlo y colocar alguna idiotez (P.E: “El último de los guajoloteros”, originalmente se iba a titular “El extraordinario arte de lo ordinario”). En fin, esta vez me he decidido por dejarme de tonterías y poner lo primero que me venga a la cabeza. Terminada esta pequeña aclaración, continuaré con lo que me atañe.

Borrasca Primaveral

Cursi a más no poder, receta clásica de un día en que me despierto feliz sin razón aparente. Quizá por lo agradable de un sueño que no consigo recordar, quizá por la dosis de endorfinas que me suministró el ejercicio del día anterior, quizá porque simplemente es primavera y a diferencia de otros días fueron los cantos de los pájaros que entraban por mi ventana los que me arrebataron con suavidad del sueño. No lo sé, por hoy no tengo ganas de despotricar en contra del mundo, ni de filosofar sobre la posible razón de la existencia del universo.

Me basta con mirar embobado como se arremolinan esas nubes allá arriba y se tornan grises y amenazadoras, me basta con ver ese lento transformarse de los colores del mundo que cambian conforme se acerca la borrasca: el aire pareciera volverse cristal de una transparencia inigualable y los colores se avivan, como si con ello pudiesen evitar convertirse en ese gris fantasmal que flota en el aire mientras llueve. Entonces una extraña pesadez parece invadir al mundo mientras el silencio se apodera de todo ser, solo el viento sopla helado desde la costa y la humedad escurre el ambiente. Una gota aquí, luego una gota allá, y una más - arrojada desde quién sabe dónde – se estrella contra mi rostro y se despedaza en silencio. Y el espacio se ilumina por un instante y el vacío retumba con ensordecedor clamor en medio de un aire sobrecalentado por impredecibles variaciones electrostáticas. Pero eventualmente vuelve la calma y ese sordo traqueteo de la lluvia que inunda los suelos. El aire enrarece y envicia, las nubes pierden toda forma y convierten el cielo en un borrón oscuro amenazante, el viento arrecia y los árboles se inclinan ante el paso del viento como si aquel fuese un enviado divino de los océanos. Y la claridad vuelve sin razón aparente mientras que la lluvia cesa repentinamente, y un rayo de sol atraviesa aquel sombrío manto de grises nubarrones y por breves momentos se dibuja en el cielo un espectro de colores puros que más de una vez ha hecho soñar a los hombres.

Sí, cursi a más no poder. Viendo maravillado un arco iris primaveral mientras el resto del mundo se colapsa a mi alrededor, viendo extasiado todo aquello mientras tu pregunta vuelve a mis pensamientos inexorablemente, inevitablemente; aquella pregunta que hicieras un día mientras intentaba encontrar el secreto del brillo de tus ojos, aquella maldita pregunta que nunca supe contestar, y quizá nunca pueda…

 

¿Pero por qué poesía? ¿Que diablos puedo yo saber de ella?

 

Si no es otra cosa que una serie de palabras inconexas que intentan describir sin éxito la belleza de tu rostro.

 

Si no es más que un montón de palabras cursis que despedazan la verdadera esencia de tus labios en un intento por halagarles.

 

Si no es más que las palabras de este tonto que pretende comparar la burda majestuosidad del atardecer con la gracia de tus cabellos.

 

Si tan solo es la ridícula idea de creer que existen palabras adecuadas para describir la profundidad de tus ojos.

 

Sí, eso es la poesía: el vano intento de convertirte en palabras.

 

Y tan inútil se muestra la poesía para describirte, como yo para encontrarte….

 

Sí, cursi a más no poder, pero no me importa, no por hoy……

(Inspiración obtenida de: Lago de los Cisnes Acto II Moderato. Compositor: Tchaikovski. Interpretada por: Orquesta Filarmónica de Belgrado.)

Spring Storm

I must admit that titles aren't exactly my strong point, probably the thing I delay the most in think and land whenever I decide to write, is the title. It doesn't seem to matter all the years that I have pretended to write, neither the sheets and sheets I have consumed uselessly and daily trying to write down what I feel, what I see and sometimes what I imagine; the damn moment of entitleing will always come . Then I can spend hours and hours thinking in a title that convinces me about the written, just for deleting it later and giving a shitty title (For example: "The last ramshackled bus" was originally going to be titled as "The extraodinary art of the ordinary"). Well, this time I have decided to leave the bullshit and title this with the first thing that comes to my mind. Now I finished this little explanation I shall go on with my business.

Spring Storm

Tawdry to death, classic recipe for a day when I wake up happy with no apparent reasn. Maybe because of a nice dream I can't remember, maybe thanks to the dose of endorphines supplied by yesterday's exercise, maybe just because its spring and unlike other days I was softly waken from my dreams thanks to the birds songs that came trough my window. I don't know, today I'm unwilling to rant agains the world, nor to philosophize about the possible reason of universe existance.

For me its enough to foolishly watch those clouds swirling up the and torn gray and threatening, for me its enough to watch that slow transormation of the world colors that change as the storm comes closer: wind seems to become a cristal of unmatched transparency while colors kindle, just if they could avoid their inevitable turn into spooky gray that floats in the air while raining. Then a weird heavyness comes over the world while the silence takes over all beings, just the wind blows cold from the shores and dampness drips on the atmosphere. One drop here, then one drop there, and one more - thrown from who knows where - smashes in my face and breaks in silence. Suddenly and for a moment everything is flashed and the void rumbles with deafening noise within an overheated air by umpredictable electrostatic variations. But eventually everything comes back to calm and that hollow clatter of raining flooding the skyes. The atmosphere becomes rare and visicious, the clouds loose all form and turn the sky into a dark threatening blot, the wind tightens and the threes bend before him just if he was the holy messenger of the oceans. Brightness comes back without a reasonwhile the rains gives in suddenly, and a sunbeam gets trough that glum wrap of gray clouds and for a short moment in the sky is drawn a spectre of pure colors that more than once gave dreams to many men.

Yes, tawdry to death. Watching amazed a spring rainbow while the rest of the world collapses around me, watching in extasis all that spectable while your question comes back to my thoughts inexorably, inevitably; that damn question that you might have asked one day while I was trying to uncover the secret in the shine of your eyes, that damn question that I never knew how to answer, and maybe I will never can...

 

But why poetry? what the hell can I know about it?

 

If its not more than a serie of unconnected words that uselessly try to describe the beautiness of your face.

 

If its not more than a bunch of tawdry words that shatter the real spirit of your lips, in a foolish attempt to please them.

 

If its no more than the words of this idiot who tries to compare the coarse majesty of afternoon with the charm of your hair.

 

If its just the ridiculous idea that there are enough words to describe the deepness hidden in your eyes.

 

Yes, that's poetry: the vain attempt ot turning you into words.

 

And as useless has proven poetry to describe you, as me to find you...


Yes, tawdry to death, but I don't care, not for today...

(Inspiration supplied by: Swan Lake Act II moderato. Composer: Pyotr Ilyich Tchaikovsky. Played by the Philarmonia Orchestra Belgrado)

1 de febrero de 2009

El ultimo de los guajoloteros

Un zumbido agudo y penetrante inunda aquel oscuro e interminable pasillo de deslucidas paredes grises: un ruido insoportable que ensordece y casi impide respirar. El tiempo parece detenerse mientras que las paredes se resquebrajan, cimbradas hasta los cimientos por aquel estruendo apocalíptico. Se detiene, tan solo para volver con mayor intensidad; se detiene y vuelve, se detiene y vuelve... y asi sucesivamente, en un ciclo quizá interminable....

Agrio es el sabor de la noche en abandono,

será el día en que inicie el retorno.

Me estorba la memoria, los sentidos me distraen

y se equivocan en las aguas de la certeza

Y por cada ciclo, la pausa se convierte en un silencio reconfortante, que dura menos que una respiración; pero el chillido vuelve inexorablemente, rompiendo aquellos breves momentos de silencio. Y el mundo entero se desdibuja y decolora, se oscurece, se deforma horriblemente con cada uno de los estertores de un despertador en agonía, que suplica a su dueño perdonarle por haberle arrebatado con tanta violencia de su pacífico sueño.

I feel alright
And I cried so hard
The ridiculous thoughts
I feel alright, and I should have lied
But I cried so hard
The ridiculous thoughts
I should have lied

¿Pero en verdad era pacífico? El mutismo de las sábanas, extendidas sobre la cama no revela en absoluto la tragedia que se recién se ha librado en mis sueños: tan solo yacen ahi sobre la cama, muertas como el resto de la habitación, aún inundada por el ruido infernal del despertador. Extendiendo mi mano devuelvo con suavidad al sueño a aquel compañero fiel que diariamente se desgañita para traerme de vuelta al mundo, en contra de mi voluntad, pero obligado al mismo tiempo por ella...

Ya son las 7:16 y el cadáver del minuto que paso me dice:

"Tú estrategia te arruinó, no queda más que ir aprendiendo a vivir solo,

si te quedan agallas"

Y extraño presentimiento me invade... una certeza casi agobiante... asfixiante... de proporciones dificilmente imaginables. Bueno, quizá este exagerando, pero si sé que tres cabellos son guillotinados de mi cabeza y caen lentamente al suelo. ¿Por que sucede esto? ¿Por que es que me preocupa tanto? ¿Acaso aquella constelación que por tanto tiempo me he dedicado a ignorar me ha deslumbrado tanto? ¿Cual es el problema con ello? Por favor explicame que no os entiendo....

Hold me now
I'm six feet from the edge and I'm thinking:

Maybe six feet

ain't so far down

No hay mucho que comprender, hace poco le vi y me pareció una entre tantas: brillante y llamativa, pero como a otras tantas, no quise mirar más allá temiendo lo que pudiera hallar... quizá por miedo, quizá por desgano... quizá para evitar desilusiones futuras... quizá por ridicula indiferencia... quizá... quizá... quizá... Pero entonces me decidí por dejar de lado los prejuicios estúpidos y miré un poco.... y quizá haya sido un tonto por hacerlo, pero no me importa, creo que valió la pena....

¿Querrás tú rectificar las líneas de mis manos?

¿Quién esparcirá al azar los pozos del café?

¿Y que decía la bola de cristal, cuando echo a rodar?

¿Que más puedo necesitar?

¿Tengo algo que perder?

¡No puedo perder!

Me percaté que aquella constelación entre tantas, es poseedora de una belleza singular y poco común.... inigualable.... mas brillante aún que sus contornos perfectos y graciosos.... más delicada aún que su apariencia de muñeca de porcelana... en fin... la belleza escondida parece ser mayor que la visible y tangible...

Where has my heart gone?

trapped in the eyes of a stranger.

I want to go back to:

believing in everything and knowing nothing at all

Y me enamoré sin querer y de golpe de esa belleza que vislumbré en el interior... sin saber si debía o no... sin saber si podía o no.... percatándome que una vez más mi corazón era libre para sentir... sin tener tapujos mentales que quisieran protegerme innecesariamente.... sin darme cuenta ahí estaba mirándole extasiado, hasta que ya era demasiado tarde....

¿Y como deshacerme de ti, si no te tengo?

¿Como alejarme de ti, si estas tan lejos?

Y es que el problema no es cambiarte

El problema es que no quiero

Sucedió de pronto y en silencio... pero a pesar de las pesadillas y el miedo que me invade, a pesar de esta imaginación desbordada que ha insistido en ver guiños dónde hay calidez cotidiana, o ver monstruos dónde hay vacios sin fondo.... a pesar de saber que sigo siendo arrastrado por un camino desconocido y peligroso.... a pesar de todo ello no he de apearme pronto, aún tengo que saber hasta dónde he de llegar.

Another beauty loved by a beast,

another tale of infinte dreams.

Your eyes they were my paradise,

your smile made my sun rise.

No me culpéis por ello... no pude evitarlo.... simplemente decidí subirme al ultimo de los guajoloteros....