9 de agosto de 2009

(Capitulo 4) Ciudad Merth

Siguiendo las instrucciones de Centuriel me presenté al día siguiente con el señor Bisut, un hombre de modos severos que me miró con cierto desprecio. Sin embargo su rostro cambió después de que terminara sin problemas la prueba que me hizo y desde entonces me trató con más respeto. Balbució algo que no entendí sobre los extranjeros, mientras que escribía y firmaba un documento en el que me recomendaba para integrarme a los últimos niveles de la academia y luego me despidió del lugar.

Al día siguiente me mudé a las barracas del campo y agradecí de corazón el cambio. Para ser sincero prefería la rutina estricta -y ese catre medio vencido y lleno de paja con una sola manta- a la enorme habitación dónde amablemente me habían alojado mis anfitriones y a la acartonada vida en palacio en la que hasta para dormir hay que guardar las formas.

Contar lo que sucedió durante aquellos tres meses sería demasiado tedioso, en parte porque las sesiones de entrenamiento me resultaban harto aburridas; no vayas a creer que es presunción Han, pero el entrenamiento –sin ser por ello menos riguroso- no representaba un verdadero reto para mí y bien que hubiera podido ser maestro de aquella academia. Y esto, sumado al color oscuro de mi piel y al involuntario silencio que guardaba cada vez que alguno de mis compañeros preguntaba sobre mis orígenes –en parte porque desconocía el lenguaje y en parte por la amnesia que me aquejaba-provocaba entre ellos, la mayoría más jóvenes que yo, un cierto temor que más bien les ahuyentaba y les hacía mantener la distancia, situación que solo consiguió agravar mi soledad y fomentar mi mutismo. Y contrario a todos los demás que ya no podían esperar para la ceremonia pública de nombramiento, a mi no me causaba ni la más mínima emoción, en cierto modo dicho juramento ya lo había hecho cuando ofrecí mis servicios al monarca.

Afortunadamente mis superiores no me trataron con alguna consideración especial y agradecí la indiferencia, fui tratado con el mismo rigor que cualquier otro y asignado al mismo tipo de tareas. En mis primeros turnos se me asignó para patrullar una sección de la muralla norte, lugar dónde caminaba por horas con la mirada perdida en las montañas allá a lo lejos, tratando de hacer volver a mi memoria recuerdos -como aquel que trajo la alabarda a mi cabeza- sin resultado alguno. Luego por la tarde y hasta la medía noche debía de hacer guardia en el palacio, ahí tenía muchas más ocupaciones que evitaban que mi mente se alejara de mi cuerpo y lo dejase inmóvil, con la mirada perdida en el abismo.

El esperado día de la ceremonia llegó por fin y el palacio era un ajetreo absoluto, los criados corrían de aquí para allá con bandejas, sillas y manteles, y los pasillos hervían de gente que gritaba y daba órdenes. Afortunadamente el capitán nos había dado la tarde libre para que nos preparáramos para la ceremonia, así que me escabullí y me paseé por la ciudad el resto del día.

Merth, según me había dicho Centuriel, era la capital de Mirau. Ciudad amurallada con una población cercana a los veinte mil hombres y construida en medio del valle que le había dado su nombre. Eran tiempos de paz para un reino próspero y la ciudad reflejaba ese bienestar: limpia, bella y rebosante de gente cálida y amable. En verdad no recuerdo haber visto pobreza en las calles o algún otro lugar en el que se adivinara miseria. Si bien era fácil saber a simple vista quienes eran los más afortunados, no era tan fácil descubrir quién sufría carencias. Las causas me parecían bastante evidentes, la ubicación geográfica de Merth representaba un lugar aventajado y era paso obligado para las caravanas de comerciantes de todos los lugares del país. Y aunque la prosperidad de la ciudad resultaba casi obvia, su aspecto insólito me intrigaba, sus altas torres de mármol blanco acaramelado brillando bajo el sol en medio del derroche de verdor de los campos alrededor y los banderines azules ondeando en la brisa matutina es un espectáculo que no olvidaré fácilmente.

Pero para ser sincero y a pesar de todo, sentía que no encajaba en aquel lugar, a ratos me sentía como si estuviese perdido y luego me deprimía al recordar que en verdad lo estaba; era una sensación en verdad difícil de describir pues cosas tan naturales como ir a traer agua de un pozo me resultaban insólitas y a veces hasta desconcertantes, en especial esas dos lunas que parecían burlarse socarronas de mi cada vez que miraba al cielo esperando ver solo una; era enloquecedor, me desesperaba poder recordar cosas tan inútiles como las configuraciones de las nubes de tormenta, o saber que mezclando algo de azufre, salitre y carbón podías obtener pólvora y no poder recordar quién diablos me lo enseñó y mucho menos el lugar en que lo aprendí.

Anduve mucho rato sin rumbo fijo por la muralla hasta que decidí ir a sentarme al borde de la almenara del norte, lugar que empecé a frecuentar en tardes como aquella. Desde lo alto de esa torre se podía ver claramente la cordillera de Carión y allá a lo lejos el pico del Mid-Azel del que solo se distinguía el pico cubierto de nieve que se erguía majestuoso sobre el valle de Merth y se perdía en los bosques alrededor. El sol cayó lentamente en el horizonte y las horas de la tarde se consumieron en medio de un turbulento remolino de sinsentidos que invadieron mis pensamientos, hasta que por fin llegó la hora de volver a palacio. Aquello fue suficiente para distraerme y ahuyentar por un buen rato a la maldita nube insana que me perseguía con sus desvaríos.

Sin embargo la ceremonia no contribuyó mucho a mantener alejados aquellos pensamientos pues me resultó tremendamente aburrida, aunque no sé que tanto aquello podía atribuirse a mi desgano y que tanto al tedio inherente a esas ceremonias. Sin embargo no por ello deje de prestar solemne juramento de lealtad a Centuriel y a Naomi, quiénes me otorgaron junto a otros 19 compañeros el título de caballero real del reino soberano (y otros 30 adjetivos editados por cuestiones de espacio) de Mirau. Terminando las formalidades y el protocolo de la ceremonia procedió una fastuosa cena durante la cual ya nadie reparó en mí; y como los invitados eran numerosos y el vino abundante, finalmente terminé solo entre un montón de gente que jamás había visto y que felicitaba calurosamente a mis compañeros, mientras bebían y reían sin parar.

Sentado en la más absoluta soledad entre aquel mar de gente empecé a cuestionarme ¿por qué diablos decidí quedarme siendo que me estaba costando trabajo encajar en ese lugar? tal vez hubiera sido mejor tomar la segunda opción y marcharme de una buena vez, pero tampoco tenía caso precipitarse, no sabía ni siquiera por dónde podía empezar. Quizás si regresaba al Corazón de las Montañas recordaría algo, quizás había algo escondido en la nieve o quizás conociera a la gente de los alrededores. ¿Y las armas? Ervanú quedaba muy lejos de Carión, demasiado lejos ¿que diablos estaría haciendo solo en Carión? ¿Estaría viajando hacia Riam? ¿Quizás venía ya de vuelta?

Llegaron varios criados que sirvieron exquisitos y abundantes platillos en las fuentes de las mesas y los comensales iniciaron el festín. Me serví como cualquier otro para no desencajar pero no probé bocado; una chica bastante llenita sentada a mi lado comenzó a comerse lo que había en mi plato y se lo acerqué para poder seguir divagando a pleno gusto. Había algo en todo esto que me disgustaba, sentía como si supiera algo más de lo que podía recordar sin poder acertar a decir exactamente que era. En mi mente danzaban palabras y sonidos que resultaban inexplicables en este lugar y más de una vez me sorprendí explicando fenómenos naturales a mis compañeros, quiénes recelaban por la sencillez con la que hablaba y terminaban negando la posibilidad de que yo supiera todo aquello, alegando que para obtener aquellos conocimientos era necesario dedicar una vida entera, y todo ello solo contribuía a acrecentar esa malhadada percepción intimidante que les mantenía a distancia. Y por otro lado estaban los recuerdos que volvieron junto con mis armas cristalinas ¿qué era ese lugar dónde había estado amarrado? Muy pequeño, jamás hubiera podido estar de pie… estaba sentado… de hecho atado al asiento y mis manos sujetaban una rueda frente a mi tras la cuál pequeñas y curiosas luces parpadeaban, y fuera un torrente estruendoso estaba a punto de entrar e inundar el lugar golpeando los cristales que cerraban aquel pequeño lugar ¿Sería alguna alucinación fantástica? Luego había conseguido desatarme y huí de ahí, presa del mas absoluto terror y un segundo después era envuelto por los elementos desatados y la oscuridad.

Volví a la realidad respirando agitadamente. Debía encontrar ese lugar, ese recinto oscuro de paredes de cristal, y estaba seguro que debía estar cerca de aquel desfiladero insondable en esa malhadada montaña donde yace el corazón de las montañas, debía volver a ese lugar y recuperar cuanto pudiese. Quizás dejé cosas arrojadas que me ayudarán a refrescar la memoria y que quizás traerán de vuelta más de esos recuerdos que tanto busco. “Quizás”, siempre el maldito “quizás” ¿Y si no encontraba nada? por lo menos estaría seguro de ello y dejaría de atormentarme ¿pero entonces valía la pena? No había mejor modo de saberlo que yendo a ese lugar y comprobarlo con mis propios ojos…

Quizá hubiera seguido divagando por mucho más tiempo de no ser que algo me distrajo. Me arrebató de mis pensamientos la mirada fija de alguien y al buscar al dueño de la mirada, mis ojos se encontraron por un instante con los de ella, quién, sentada en otra de aquellas largas mesas, me regaló una hermosa sonrisa que me desconcertó por completo. Duró tan solo unos segundos pero fue incomprensible, fue como si todo lo que hubiera sucedido hasta ese momento hubiera sucedido solo para que su mirada y la mía se encontraran en ese momento por esa fracción de segundo. Ella desvió la mirada y siguió la conversación con su compañera. La sensación fue extraña, hubo algo en ella que me cautivo al instante sin saber exactamente que fue ¿ó era la bebida lo que me provocaba esa sensación? ¿Sería el haber vuelto tan abruptamente a la realidad? No, no quería divagar tonterías, no me sentía de humor para ello. Tonterías, eso eran: puras tonterías. Al poco rato comenzaron la música y los bailes y yo, con la mirada de aquella chica aún dando compases en mi cabeza y con el ambiente amenazando sofocarme, decidí ignorar las miradas de los presentes que vieron con desaprobación como me levantaba y huía fuera de aquel salón de dorados reflejos y enormes cortinas de terciopelo para refugiarme bajo una enorme encina en el jardín.

Fuera estaba tranquilo y silencioso, era una fresca noche de verano con un cielo despejado y cristalino. Las dos lunas resplandecían en el cielo y al este Direv crecía mientras que al oeste Ferimen menguaba. Me fui a sentar a la parte más baja de una larga escalinata blanca a cuyos lados había bustos de hombres y mujeres rodeados de estanques y maceteros llenos de alcatraces y lirios y por dónde el agua bajaba lentamente en forma de pequeñas cascadas tintineantes.

A pesar de lo insoportable de la soledad que experimentaba en aquel lugar, misma que se agravaba por estar rodeado de personas de las cuales solo había dos o tres con quienes sentía confianza, y un número solo un poco mayor de quienes lo único que podía decir era que no me resultaban desconocidos, no deje que influyera mucho en mi ánimo. Aquella noche era demasiado bella como para hacer una reflexión filosófica de lo vacía que pudiera parecer mi vida o encontrar la posible razón de mi existencia. Me tumbé en un banco de piedra cerca de una encina que de día seguro daba una magnifica sombra sobre la escalinata y me sumí en la contemplación boba e ingenua del cielo inconmensurable, y creo que fue por ello que no me percaté de la presencia de aquella chica, hasta que con su voz atiplada y dulce me arrancó mis bobos pensamientos.

- Hola, buenas noches – dijo simplemente, de pie a mi lado, con sus manos sobre el barandal.

- ¿Qué? ¿Quién dijo eso? – fue lo primero que pensé creyendo que el saludo no había sido dirigido a mí y tontamente busqué al destinatario hasta que caí en la cuenta que estábamos solos en el jardín. Ella era una muchacha de no más de 20 años de edad, llevaba un vestido color lila que no supe a ciencia cierta si era en verdad hermoso o era ella quién lo hacía lucir tan bien, su piel blanca y ligeramente dorada contrastaba con sus cabellos rojizos, que caían graciosamente alrededor de sus pómulos y sobre su nariz hasta tocar las comisuras de sus labios, delgados y enrojecidos, como sus mejillas. Pero lo que realmente me hizo estremecer fueron sus ojos, de un color verde grisáceo como nunca antes había visto. Supe de inmediato quién era: me había arrancado de mis pensamientos dentro del salón a fuerza de mirarme.

- Buenas noches señorita – respondí con un ademán y desvié la mirada un poco. Tímido, no sé bien si por naturaleza o quizás para hacerme el interesante me quedé en silencio mientras pensaba lo extraño que resultaba que aquella chica me hablase. Ya me había acostumbrado a que en este lugar, las muchachas de mi edad que aparentaban pertenecer a una familia noble me miraran con cierto recelo y quisieran conversar conmigo tanto como deseaban la oportunidad de sacar la basura de su casa. Me quedé en silencio mirándola sin saber que decir y mis manos se acalambraron y mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido. Si le sostenía la mirada terminaría rodando escaleras abajo, hipnotizado.

- La de hoy ha sido una velada verdaderamente espléndida ¿no os parece caballero? – comentó con alegría, aunque me pareció algo fingida.

- ¿qué?… eh sí, seguro que así ha sido – respondí tartamudeando y luego volví a desviar la mirada sin atreverme a mirarla de nuevo y aunque me desconcertaba que si dirigiese a mi sin siquiera titubear, me sentí más bien halagado de que aquella muchacha me hablase.

- Os he estado observando – continuó ella – y puedo adivinar por vuestros rasgos y modos que no sois de Merth ¿De dónde sois? –

Aquella era una buena pregunta. Tartamudeé y me sentí estúpido: el único tema de conversación que surgía y yo no tenía forma de responder

- A decir verdad ignoro la respuesta a esa pregunta señorita – fue lo mejor que se me ocurrió – Tan solo sé que vengo de algún lugar muy lejano hacia el sur –

- ¿El sur? – repitió con voz soñadora – ¿Venís quizá del Daerum? ¿Más lejos quizás?–

- No lo sé, imagino que mas lejos de lo que jamás habéis viajado – respondí tratando de agregar una pizca de fallida ironía gracias a un ligero tartamudeo. Repentinamente sentí un impulso irracional de evadir la conversación y salir huyendo, quizás por ese cosquilleo en el estómago que me provocaba el tan solo mirarla.

- ¿Y acaso no acostumbráis en ese lejano lugar invitar a las damas a tomar asiento? –

En ese momento deje de sentirme estúpido pues me convencí de que en realidad lo era y con toda razón ¡había olvidado levantarme e invitarla a tomar asiento! aunque tan solo fuese un vil pedrusco. Pero mi estupor me impidió moverme, estaba algo atontado, anonadado ¿aquella hermosa chica coqueteaba conmigo? inverosímil ¿por qué inexplicable razón podía querer ella estar al lado del ente mas aburrido e indiferente sobre toda la faz del planeta? Ella insistió para sacarme del mutismo.

- ¿Y bien? – insistió.

- Disculpad – dije reaccionando al fin y levantándome de un brinco – por favor, acompañadme y sentaos a mi lado, en este su muy humilde banco –

Acompañé mi invitación de un sutil tono socarrón, fue casi inevitable, mi sentido del humor a veces se sobreponía a la cortesía.

- Gracias caballero – respondió, pero un instante antes de sentarse replicó – imagino que no os molesta si os acompaño –

- E imagináis bien – repliqué con indignación, incluso pensé en decirle que me ofendía que pensara así, pero me contuve – vuestra presencia me halaga –

Nos sentamos uno al lado del otro en aquel banco de piedra y hubo unos instantes de incómodo silencio entre los dos. Ella me miraba fijamente y volví a enrojecer. “Bueno ¿Qué tanto miráis?” pensé lanzar al aire pero me contuve.

- Y bien – dije lo primero que se me ocurrió – ¿Cuál es vuestro nombre? –

- Elaina de Centurie, caballero ¿y vos sois? –

- ¿Os bastará con Davian? –

- ¿Bromeáis? – replicó – ¿Acaso no os sentís orgulloso del nombre de vuestra casa? ¿o es que acaso olvidáis el duro entrenamiento en la compañía del señor Bisut? ¿No sufristeis de desvelos y largas horas de guardia para obtener vuestro título de caballero? ¿No os avergonzáis de usarlo o si? –

- Vaya, no recuerdo haber dicho eso – repliqué encogiéndome de hombros pensando arrogante que en realidad el entrenamiento había sido más bien fácil.

- ¿Entonces? – insistió.

- “Señor Davian de Mid-Azel” me fue otorgado en honor al lugar en que fui rescatado por vuestras majestades puesto que mis verdaderos apellidos y origen los he olvidado y son un misterio. Por eso es que me presento como Davian y ya. Además “señor” no me sienta en lo absoluto y tal vez mi edad lo merezca pero vos decidme con sinceridad: ¿Acaso tengo barba y parece que me pesan los años? –

Ella rió discretamente y se abanico.

- ¿En verdad queréis que os conteste esa pregunta? – replicó con el obvio afán de burlarse a mi costa.

- Si no quisiese una respuesta no os hubiera preguntado en primer lugar – dije con sorna – pero mentidme de preferencia –

- No mentiré, sois de buen ver, lo digo en serio – dijo con naturalidad.

- Vos también lo sois – respondí procurando en lo posible la misma naturalidad aunque sabía que mi voz temblaba – ¿vuestra edad, bella dama? –

- Imprudente – respondió indignada – ¿es que acaso ignoráis que es lo único que no debéis preguntar? –

- Me lo temía – dije para mis adentros – otra mas que sufre pavor al deterioro subcutáneo

- Excusadme – fue lo único que acerté a decir desconcertado – no os lo volveré a preguntar –

Ella río suavemente y su risa me hizo estremecerme… ¿que rayos me estaba sucediendo?

- Cuento 19 años hasta el día de hoy, Señor Davian de Mid-Azel – dijo tras darse cuenta que me había desconcertado su tono y que muy tarde comprendí que era fingido.

- Evitad, en lo posible, dirigíos a mi con semejante titulo – repliqué con falsa molestia – llamadme Davian y ya ¿os parece? –

- No, no me parece – replicó insolente – os llamaré como mejor crea, vos decís que vuestra edad así lo merece ¿me equivoco? –

- No os equivocáis, quizá sea yo el que se equivoque mientras no logré recordarlo –

- Sois curioso – rió discretamente – yo pensé que solo a las damas les interesaba ocultar su edad –

- Y en verdad dudo que os equivoquéis, dama de Centurie – repliqué con sorna – pero yo no tengo nada que ocultaros, si os digo que no lo recuerdo es porque no lo recuerdo –

- ¿Por que no mejor admitís que sois un crío, que os doblo en edad y que por eso insistís en ocultarla? – dijo burlona mientras intentaba solapar su risa, sin conseguirlo.

- Porque ni soy un crío, ni me dobláis en edad, ni os oculto nada – replique imitando su tono burlón – os llevaré uno o dos años de más, por lo menos seguro estoy de que no soy menor que vos –

- Sea pues como quieres hacerme creer: que habéis olvidado todo cuanto concierne a vuestra persona, excepto vuestro nombre, claro – dijo sin siquiera intentar ocultar su tono sarcástico e incrédulo.

- En realidad no es tan difícil darse cuenta de ello – repliqué en el mismo tono.

- Y aún así habéis insistido que vuestro origen es un lugar más lejano de dónde yo haya podido viajar jamás – sonrió con malicia.

- Yo no insistí en ello – me defendí – yo lo llamaría una sugerencia a ciegas –

- ¿Y que os ha dado la seguridad para sugerirlo? Si ni siquiera sabéis de dónde venís –

- Pues no, no lo sé, pero tengo motivos suficientes para pensar que vengo de más allá del pico del Mid-Ervae, de las llanuras de Ervanú o quizá más lejos –

- ¡Ah! – exclamó con alivio – por un momento pensé que hablaríais de un lugar verdaderamente lejano, esas tierras aún pertenecen al reino –

- Es suficientemente lejos de aquí –

- Quizá tengáis razón – replicó – quizá sea lejos para vos, más no para mi pues yo nací y crecí en Ervanú –

- Lo ignoraba y os ruego disculpéis mi atrevimiento por siquiera haber osado sugerir que habíais viajado poco – repliqué con exagerada cortesía con la intención de sacarle de sus casillas – pero por favor recordad que vuestra apariencia de muñeca de porcelana hace fácil pensar que son pocas las veces que os aventuráis poco más afuera de las puertas de vuestra alcoba –

- ¿Perdón? – replicó ligeramente indignada.

- Nada, nada – me excusé – fue una aseveración ruin y malintencionada con la deliberada intención de provocaros para que hicieses ese gesto tan gracioso cuando os indignáis, pero todo parece indicar que mis malévolos planes fracasaron pues mas bien os estáis riendo –

- Tonterías – replicó riendo – mas bien habláis demasiado –

Después de eso se levantó y me invitó a hacer lo mismo. En un gesto desconcertante me tomo de la mano y pareció olvidar el tema mientras paseamos durante hermosas y largas horas por aquellos jardines perfumados. La suya era una historia tormentosa. Ella era una muchacha de cuna noble, nacida en Merth pero que fue separada de su familia a muy temprana edad en un ataque a sus padres mientras viajaban de vuelta a Ervanú. Siendo una criatura desamparada le recogió un hombre llamado Cor de Emeriad quién le acogió como si fuese su propia hija, y así es como se crió y creció. Su carácter un tanto reacio y terco contrastaba con su voz dulce y su figura delicada; odiaba las complicadas reglas de la corte y las desafiaba o ignoraba cada vez que podía. Crecer tan cerca de la frontera con Vedar, dónde frecuentemente había revueltas y escaramuzas, le habían dado también un vivo interés por instruirse en el manejo de las armas. Desde pequeña quiso aprender esgrima y el mismo Cor le enseño, también aprendió a montar y se volvió una excelente amazona con una puntería temible. Por mi parte, tan solo pensaba que si era cierto todo cuanto sabía hacer esa chica, entonces quizá podría vencerme con facilidad en combate, lo cual debo admitir que me cautivó más si es eso posible.

Así pues Elaina estaba acostumbrada a una vida dura llena de incomodidades y esa era la causa, dijo, de su repudio por los baños perfumados y los vestidos largos. Cuando cumplió 11 años, sus verdaderos padres le hallaron tras 10 años de buscarle y le llevaron en contra de su voluntad. Fue separada de Cor de Emeriad a quién por mucho tiempo había llamado padre y fue llevada a Merth. Aunque al principio se negaba a admitir la realidad de la situación, tras conocer a sus padres y la historia de cómo fue separada de ellos, aceptó volver a su verdadera familia y por su parte Cor de Emeriad recibió más que una simple gratificación de parte de sus padres por haberle cuidado.

Sin embargo, ciudad Merth distaba mucho de ser Ervanú y Elaina se aburría, le era muy difícil adaptarse a la superficial vida de la corte y hubiera huido un buen día de no ser por Naomi -la reina- con quién formó un lazo muy especial y se volvió su confidente. Los 7 años que vivió ahí fueron suficientes para que dejara de extrañar las llanuras de Ervanú y se arraigara a Merth y a su complicado estilo de vida. Luego llegó la ceremonia anual de nombramiento y asistió -mas bien por insistencia de sus padres- junto con otras tantas cortesanas que lo que más bien deseaban era encontrar en alguno de tantos caballeros a un buen marido.

- En verdad no deseaba venir – dijo con cierta amargura – pero mis padres insistieron ¿Qué son estas fiestas sino una feria dónde parecen vender a las damas como si fuésemos caballos? Las aborrezco de todo corazón y quizá hubiera preferido ser torturada hasta la muerte antes que venir. Pero os seré sincera y es justo que sepáis que vos lo habéis hecho valer; aunque esperaba, y por favor no penséis que os reprocho con esto, que pudieses conversar conmigo de las llanuras de Ervanú y vuestro hogar, y más bien parece que vuestras respuestas son solo evasivas para mis preguntas –

- No bella dama, juro que os digo solo la verdad – repliqué algo confundido – en verdad que no sabéis el dolor que causa vivir así. Todo cuanto viví antes de intentar cruzar la cordillera se ha borrado de mi mente y no sé que me ha llevado tan lejos de mi hogar. Supongo debían ser motivos realmente importantes, quizás hasta urgentes y que ahora se han perdido para siempre. Pero empiezo a pensar que fue el destino y os aseguro que incluso ahora mismo pienso que no importa lo que me haya llevado tan lejos de mi hogar, pues todo este sufrimiento bien que ha válido la pena pues al final me encontré con… –me interrumpí súbitamente.

Elaina se volvió y me interrogó con la mirada.

- ¿Con…? – Inquirió con una gran sonrisa mientras un vivo rubor coloreaba sus mejillas – ¿con que os habéis encontrado caballero? –

Me sonroje terriblemente, ella sabía que iba a decir, era obvio; y aún más obvio resultaba que quería escucharme decirlo, pero me parecía descarado hablarle de ese modo.

- Con… con… – tartamudeé horriblemente, mientras pensaba febrilmente – …pues con que ciudad Merth es una de las ciudades más hermosas que he visto en todos los años de mi corta existencia – concluí y respiré aliviado, me había librado por un cabello. Aunque no contaba con la persistencia de Elaina, quién tras escuchar el atrabancado final de la frase no pudo evitar, por menos, echarse a reír.

- Bromeáis caballero – replicó mientras me miraba fijamente a los ojos – vos mentís y me pregunto por qué –

- Yo no me atrevería a mentiros – me defendí.

- Sin embargo lo hacéis – dijo riendo y luego uso un tono suave y sofisticado que terminó de cautivarme en cuanto lo escuché – si en verdad me sois sincero no podéis asegurar que Merth es la más bella de las ciudades que habéis visto, pues os recuerdo que vos no recordáis nada –

- Tenéis toda la razón, no puedo comparar Merth – dije sintiéndome acorralado y traté de desviar su atención – sin embargo no podéis decir que miento al hablar de la belleza de esta ciudad –

- No la niego, nunca la he negado – respondió sin olvidar mi dialogo incompleto e insistió – pero no tratéis de distraerme caballero, creo que podéis dejaros de tonterías y terminar esa bella frase que vuestros labios iban a pronunciar –

- ¿Y vos como podéis saber lo que os iba a decir? – pregunté burlón, me había dejado de importar el descaro y ahora entraba en juego una muy infantil necedad.

- Lo veo en vuestros ojos – dijo con tono enigmático y por la forma en que me miraba pensé que era verdad.

- ¡Ah! – exclamé con sorna – mirad bien, eso que veis es una paja, no mis pensamientos –

Volvió a reír.

- Sea paja si así lo queréis, tenéis vuestra cabeza repleta de ella y puedo verle a través de vuestros ojos –

Hice un gesto de fastidio, me había dado una buena cucharada de mi propio chocolate.

- ¿Supongo que os creéis terriblemente graciosa? – dije fingiendo molestia.

- ¡Ah! – exclamó ahora ella – no os lo toméis tan en serio caballero. Si vos insistís en que es paja, paja ha de ser, pero yo sé que no lo es, aquello que asoma en vuestros ojos es lo mismo que siento yo por vos y que deseo escuchar de vuestros labios y me pregunto por qué no simplemente lo decís –

- No creo tener razones suficientes para hacerlo – dije cruzándome de brazos.

- ¿Insinuáis acaso que no soy razón suficiente para que lo hagáis? – replicó ahora verdaderamente indignada e incrédula mientras yo permanecía inmóvil y acorralado ¿Por qué resistirme? Verdaderamente mi cerebro era de paja y aquella necedad era absurda e infundada.

- ¡No, no dije eso! – exclamé de repente – pero tampoco tengo que deciros nada ¿Por qué queréis saberlo? –

- No os confundáis – replicó coqueteando descaradamente – yo no quiero saberlo pues ya lo sé, sois vos quién quiere decirlo, más no os atrevéis –

Ya no supe que decir, me había desarmado completamente. ¿Qué más podía hacer? ¿Podía ser cierto todo aquello? Perdí la mirada en el enigma que se dibujaba en sus ojos, un remolino turquesa de belleza indescriptible y ya no pensé en resistirme, en verdad ya no pensé nada más.

- ¿Y bien? – dijo deteniendo su paseo a mí alrededor y sacudiendo de imaginarias motas de polvo los pliegues de mi ropa.

- Sois una muchacha arrogante – dije completamente vencido mientras tomaba sus manos entre las mías. El tacto de su piel me estremecía, su suavidad era electrizante – ¿lo sabíais? –

- ¿Lo dice quién se niega a hacer un lindo cumplido a una niña que ha robado vuestro aliento? – replicó sosteniéndome la mirada con firmeza.

- Me encontré con vos – me rendí – en verdad todo mi viaje y las penurias han valido la pena pues os conocí a vos, Elaina de Centurie –

El rubor en sus mejillas enrojeció más aún y pude sentir que su respiración se entrecortaba.

- Espero que lo digáis en serio – dijo dudando por un instante.

- Oh no – repliqué sarcástico, sin poder resistir a mi verdadera naturaleza mientras que descaradamente la tomaba por cintura – podéis estar segura que solo os lo dije para me dejéis en paz de una buena vez –

- Sois tan poco romántico – me reprochó sin soltarme, rodeando mi cuello con sus brazos.

- Quizás – repliqué – aunque yo prefiero pensar que soy poco convencional y que tanto romanticismo no me hace falta –

- Os equivocáis – replicó murmurando apenas, mientras todo nuestro ser exigía que nos calláramos de una buena vez – si que os hace falta –

- ¿Quizá os baste algo de poesía? – insistí tontamente.

- ¿Y que es poesía Davian? – preguntó ahora algo fastidiada al ver que no me callaba.

- Pues es… – intenté seguir pero ella me lo impidió.

- Solo callaos – dijo simplemente colocando uno de sus delicados dedos sobre mis labios al tiempo en que el tiempo mismo se suspendía por un instante que duro mucho tiempo y que en realidad nunca llegó y no nos besamos. Mientras más lo pienso, más cuenta me doy de que no solo fue esa repentina voz a mis espaldas lo que nos detuvo. Aquello fue el destino, una premonición negra de los acontecimientos por venir y aunque en ese momento no podía siquiera sospechar la injerencia de aquel hombre en lo que me había llevado hasta ese lugar y mucho menos imaginar el camino que había preparado para mi, hubo algo en su voz que volvió a estremecer mi memoria y me invadió un desasosiego inexplicable.

- Disculpad señorita Elaina – dijo y ambos volteamos a ver al dueño de aquella voz, un hombre alto, fornido y que daba la impresión de tenerle mucho amor a su bigote. Vestía un elegante traje de guardia y vagamente recordaba haberlo visto dentro del salón. Cuando tuvo nuestra atención terminó su mensaje – vuestros padres os esperan –

Elaina me soltó y le detuvo en un instante.

- Hiare, bien sé que puedo ordenaros callar sobre todo lo que habéis visto y oído, pero prefiero pedíroslo amablemente: tened la gentileza de no decir a mis padres la situación en que me habéis visto, os lo ruego –

 

- ¿Hiare? – me interrumpe Han – ¿hablas de…? –

- Si del mismo – respondo su pregunta incompleta.

- Pero Hiare ni siquiera es hombre –

- Ya lo sé Han – replico con un poco de fastidio – pero yo no sabía y se presentó como hombre ¿puedo seguir? –

- Entiendo, lo siento, por favor continua –

 

Personalmente dudé que hubiera alguien capaz de resistir esa mirada suplicante.

- No os preocupéis señorita – dijo Hiare comprensivo y aunque me dedicó una mirada de complicidad me sentí intranquilo, luego Elaina volvió conmigo por unos pocos instantes – por favor apresuraos –

- ¿Os volveré a ver? – pregunté tontamente.

- Pero que preguntas – exclamó ella riendo – ¡por supuesto que me veréis! –

- ¿Cuándo? – insistí.

- Venid mañana a la fuente de Miranda y os encontraré ahí a la una – dicho esto puso un pañuelo entre mis manos, me estampó un dulce beso en la mejilla y se fue.

De nuevo me quedé solo en aquella fiesta, pero si de por sí me había cautivado la belleza de la noche, ahora me pareció completamente insuperable. Fue una chispa que me devolvió la esperanza y me hizo sentir que no estaba solo. En verdad es increíble lo que el enamoramiento puede hacerle a uno: fue suficiente para sacarme de aquella depresión enfermiza en la que me había sumido y hasta pensar que vivir sin recuerdos podía ser menos sombrío de lo que al principio había creído.

2 de junio de 2009

Antes de dormir harías el favor de explicarme…

- ¿Por que guardaste silencio? – es la pregunta lanzada al azar a mis espaldas.

No volteo, conozco al dueño de esa voz y no respondo.

- Ya veo, sigues creyendo que el silencio hablará por ti – comenta con sorna.

No respondo y le dedico una leve sonrisa, burlona y triunfante.

- En verdad no entiendo de que te ríes – parlotea indistinto – ¿acaso te parece gracioso? –

Como toda respuesta sonrío de nuevo. Se bien lo que intenta y es por lo mismo que me parece ocioso responder.

- No volverás a tener la oportunidad y lo sabes ¿verdad? – arroja temerario, su tono desafiante me resulta difícil de ignorar.

- Nunca la tuve – mascullo pero ahora la sonrisa es forzada.

- Eso te gustaría creer – replica burlón y satisfecho de haberme hecho caer en su trampa… como si de algún modo pudiera evitarlo.

- Lo que yo crea es irrelevante – replico cortante – hice lo que creí correcto –

No hay respuesta por un rato, pensé que me dejaría en paz pero tras un rato vuelve a la carga.

- ¿Por qué guardaste silencio? – insiste – no me iré sin una respuesta –

- De todos modos nunca te vas – es mi dolida respuesta.

- ¿A que te gustaría que así fuera? – insiste.

- Si – replico lacónico – ¿cuando me han sido útiles tus burlas? –

- Vaya ¿y de cuando para acá el silencio te ha sido útil? – responde sarcástico – no me digas que hoy te ha sido útil porque merecidamente te llevarás un sopapo –

- He sido prudente – me defiendo.

- Querrás decir ridículo – se mofa

- Educado diría yo – puntualizo.

- Absolutamente patético – concluye.

- ¿Que más podía hacer? – le reto – a ver sabihondo dime ¿que debía hacer? –

- Decirle que no estabas de acuerdo, evidentemente – replica con aire doctoral.

- ¡Claro! – exclamo – como si eso pudiera hacer alguna diferencia –

- Al menos podías intentar – replica con sorna.

- No tiene caso – declaró derrotado, pero sonriendo hipócritamente – me sorprende que seas tu quien me lo sugiera siendo que sabes, mejor que nadie, que ya he estado ahí muchas veces –

- Pero no averiguaste si esta vez podía ser diferente –

- No lo sé, pero no me importa – replico cortando la conversación.

- Oh si que te importa – responde sarcástico– si ni te importara no estaría yo aquí –

- ¡Dije que no me importa! – exclamo en silencio mientras sostengo mi cabeza – ¡Déjame en paz! ¡Vete! ¡Sal de mis pensamientos! –

- ¿Por qué guardaste silencio? – insiste vehemente – ya te he dicho que no me iré hasta que respondas –

- Y yo ya te respondí – replico fastidiado – te he dicho que no tenía caso ¿que podía ganar diciendo nada? ¿que me lanzara una mirada condescendiente? ¿que me recetara un discursillo hipócrita para salir del paso? No, he aprendido lo suficiente créeme, el silencio ha sido lo mejor –

- Silencio hipócrita, por cierto – comenta irónico.

- Llámalo como quieras – replicó encogiéndome de hombros – después de tantas veces que me ha sucedido lo mismo no veo porque habría de sentirme culpable por guardar silencio. Te he preguntado que podía ganar y no has respondido ¿y sabes? No me sorprende, bien sabes que no ganaba nada, tu también viste y lo oíste: perdí la partida hace mucho… –

- ¡Todavía no perdías! – me interrumpe mientras exclama con indignación – ¿No te das cuenta del lugar en el que estabas…? –

- Si – lo interrumpo de vuelta – si que me doy cuenta y por eso es que guardo silencio, ya he escuchado lo mismo demasiadas veces y conozco bien el final. ¿Quién sabe? ¿Quién te dice que no he encontrado mi vocación? Quizás es el único modo en que puedo hacerlo, rumiando mi propia soledad, han sido demasiadas veces como para ser simple coincidencia; yo creo que más bien es el destino guiñándome un ojo –

- ¡Pero que sarta de tonterías! – exclama – No puedo creer que te pongas así por… –

- ¿Por qué? – lo interrumpo de nuevo - ¿Por qué? ¡Vamos dilo! ¿te parece increíble que me ponga así por haberme ganado la confianza de otra chica? A mi no, no me sorprende porque eso es lo que intentaba, ganarme su confianza, bueno ¿ya puedo estar contento no?

- Pues… si eso te hace feliz – comenta sarcástico – si te gusta conformarte con eso, pues que así sea ¿no? –

- Es lo que he dicho – replico en el mismo tono – ¿lo olvidas? –

- ¡Que barbaridad! Lo haces sonar como un logro admirable cuando no es más honroso que una patada en la cara –

- ¿Por que habría de ser una patada en la cara? – pregunto indignado.

- ¿Y no lo es? Ahora dime tú ¿Que has ganado? ¿Querías ganarte su confianza? ¡Pamplinas! Mientes con todos los dientes. No, no querías eso ¡querías su amor y su cariño…! –

- Si, si lo quería – replico – “lo quería” pero ahora es tiempo pasado, no importa ya, el tiempo se agotó y no me percaté de en que momento crucé la línea. Y ya, se bien que no hay vuelta atrás, no me queda de otra que sonreír y pretender que no me importa y que no quiero nada más que su amistad y así lo haré. ¿Decirle que no estaba de acuerdo? no, no lo estoy, tienes razón: no estoy de acuerdo y nunca lo estaré porque no la entiendo, no la entiendo a ella ni a ninguna otra. Quizás efectivamente sea mi problema y es la miopía la que me impide comprender por qué las mujeres creen que se puede tener un “mejor amigo” y un novio. ¿Quieres saber que pienso? Pienso que por eso fallan y se lastiman, porque olvidan -o ignoran- que el noviazgo debe ser una relación de amistad en primer lugar ¿Como diablos no van a tronar? Si en vez de confiarle los secretos al novio se los confían al mejor amigo. No, no deberías preocuparte por mi, ella no lo ha dicho pero ya conozco este camino muy bien y sé lo que significa ese gesto, se bien que si me ha confiado el nombre de ese fulano que le atrae es porque en mi no piensa de otro modo ni con las intenciones que yo le pienso, y no hay vuelta atrás: estoy fuera de la partida y ya. De nada me hubiera servido volcar mi corazón y decirle lo que siento porque conozco la respuesta, la conozco tan bien que prefiero ahorrármela y sonreírle hipócritamente para decirle: “Habla de esto que me has dicho con él y no conmigo porque es él quién debería saberlo”. ¿No es esto lo que debe hacer un amigo? ¿Que derecho tengo a decirle que él no la amará de la forma en que lo haré yo? Lo que siento es irrelevante para su pregunta –

- Ahí es donde te equivocas – exclama – ¿Por que habría de ser irrelevante? –

- Porque no me ha preguntado que siento por ella, me ha contado de él y como siente por él ¿Acaso no lo ves? no, lo siento pero no me quedaré esperando en el papel de amigo a que ella se de cuenta de que “ahí estoy”, también lo he intentado y solo he conseguido lastimarme –

- ¿Y no piensas luchar? –

- No hay tal lucha – replicó algo fastidiado – ella no esta decidiendo entre dos, lo que me ha dicho hoy es que se ha decidido por él: gracias por participar –

- ¿Así que no harás nada? – concluye perplejo.

- Si, si que haré algo – replico decidido – me alejaré de ella pues como he dicho: eso de ser mejor amigo no-novio es bastante enfermizo –

- ¿Y luego? –

- No lo sé, no es importante –

- Quizás si lo sea –

- No, no lo es – concluyo y cerrando los ojos me dejo vencer por el sueño.

- Ya te atormentaré mañana – dice aquella voz en mi cabeza a lo lejos, mientras lentamente todo se pone negro.


Before sleep would you be so kind to explain me…

- Why did you keep silence? – is the question thrown at random behind me.

I don’t turn, I know the owner of that voice and I don’t answer.

- I see, you still believe that the silence might speak for you – he says with irony.

I don’t answer and I dedicate a small smile, mocking and triumphant.

- I really don’t understand why you laugh – he keeps indistinctly chattering – do you think its funny? –

As any answer I smile again, I know what he wants and that’s why I think its useless to answer.

- You won’t have another chance and you know, right? – throws recklessly, his defiant tone is hard to ignore.

- I never had it – I whispering with a forced smile.

-That’s what you would like to believe – he replies mocking and satisfied I fell in his trap… just if I could avoid it somehow.

- What I believe is irrelevant – I reply sharply – I did what I thought to be correct –

There’s no answer for a while, I thought he would leave me alone but after a while he comes back at full charge.

- Why did you keep silence? – he insists – I’m not leaving without an answer –

- Anyways you never leave – I answer with pain.

- Wouldn’t you like that? – he insist.

- Yes – I answer laconic – since when have your mocks been useful for me? -

- Well, and since when has the silence been useful for you? – he answers ironic – don’t tell me today because you’ll get a well deserved slap –

- I have been prudent – I defend myself.

- You mean ridiculous – he mocks on me.

- I would say polite – I make the point.

- Absolutely pathetic – its his conclusion.

- ¿What else could I do? – I challenge him – come on you smartass tell me, what should I have done? –

- Tell her you disagreed, evidently – he replies with pretension.

- ¡Of course! – I yell sarcastic – just if that could make any difference –

- You could have tried at least – he replies ironic.

- It makes no sense – I conclude in defeat, but hypocritically smiling – its surprises me that its you who suggests me this when its you who knows, better than none, that I have been there many times –

- But you didn’t find out if this time it could be different –

- I don’t know, but I care not  – I cut the conversation.

- Oh yes you do care – he replies sarcastic – if you wouldn’t care at all, I wouldn’t even be here in first place –

- ¡I said I don’t care! – I yell in silence while I hold my head in my hands – ¡Leave me alone! ¡Go away! ¡Get out of my mind! –

- Why did you keep silence? – he insists with vehemence – I already told you I won’t leave until you answer me –

- And I already answered – I repply with annoyance – I told you it made no sense, what could I win telling her nothing? so she would throw me a condescending sight? so she would prescribe me an hypocritical speach to make a quick fix? No, I have learned the enough, believe me, the silence was the best choice –

- Hypocritical silence, by the way – he comments with irony.

- Call it however you want – I reply while I shrug – after so many times that the same happened to me I don’t see why should I feel guilty for keeping silence. I asked you what could I win and you haven’t answered me, and you know what? Its no surprise to me, you know well I could win nothing, you also saw it and heard it: I lost that game long ago… –

- You still didn’t lose! – he yells with indignation – Don’t you realize of the place where you were…? –

- Yes – I interrupt him back – sure I realize and that’s why I keep silence, I already heard the same many times and I know the end. Who knows? Who told you this isn’t my vocation? Maybe its the only way I can do it, chewing my own solitude, it has been too much times to be coincidence; I rather believe its destiny winking at me –

- What a bunch of bullshit! – he yells in discontent – I can’t believe you behave like this because of… –

- Why? – I interrupt him again - why? Come on say it! do you find unbelievable I behave like this because I won the trust of another girl? Its not, it doesn’t surprise me because that’s what I wanted, to win over her trust, well, I can already be happy, can’t I? –

- Well… if that makes you happy – he says with sarcasm – if you want to conform yourself with that, let it be, right? –

- Is what I just said – I reply with the same tune – did you forget? –

- What the fuck! You make it look like an admirable success when its not more honorable than a kick in the face –

- Why would it be a kick in the face? – I ask indignated.

- Isn’t it? now you tell me, what have you won? You wanted her trust? Bullshit! You lie with your whole teeth. No, you didn’t want that, you wanted her love and affecttion…! –

- Yes, yes I wanted it – I reply – “I wanted it” but now its past time, it doesn’t matter anymore, the time is over and I didn’t realice when did I cross the line. And that’s it, I know there’s no going back, I don’t have better than smiling and pretending that I don’t care at all and that I want nothing more than her friendship and that’s what I’ll do. Tell her I didn’t agree? No, I’m not and you’re right, I don’t agree and I will never be because I don’t understand her, I don’t understand neither her nor any other girl. Maybe its all my trouble and its my own short sight which blocks me from understanding why women think they can have a “best friend” and a boyfriend. Do you want to know what I think? I think that’s why they fail nad get hurt, because they forget –or ignore- that “dating” must be built over a friendship in first place. How the hell are they going to last? If they trust the secrets to the best friend instead of the boyfriend. No, you shouldn’t worry for me, she didn’t say it but I know this path very well and I know what that gesture means, I know well that if she trusted me the name of that guy is because she doesn’t think of me in any other way and neither with the intentions I think of her, and there’s no going back: I’m out of the game and that’s it. It wouldn’t have helped me to spill out my heart and tell her what I feel because I know the answer, I know it so well that I prefer to save it and smile hypocriticaly to say her: “talk about this that you told me with him and not with me, because its him who should know it”. Isn’t this what a friend should do? What right do I have to tell her that he won’t love her the way I will? What I feel is irrelevant for her question –

- There’s your mistake – he exclaims – Why would it be irrelevant? –

- Because she didn’t ask me how I feel for her, she told me about him and how she feels for him, can’t you see? NO, sorry but I won’t stay waiting in the friend role expecting her to realize that “there I am”, I also tried that and I only hurted myself –

- So you won’t fight? –

- There’s no such fight – I reply with some annoyance – she’s not deciding between two, what she told me today is that she decided for him: thanks for your participation –

- So you will do nothing? – he concludes puzzled.

- Yes, of course I’ll do something – I reply with desition – I’ll withdraw from her because as I said: to be “best friend but not boyfriend” is pretty insane –

- And then? –

- I don’t know, its not important –

- Maybe it is –

- No, its not – I conclude and closing my eyes I abandon myself into sleep.

- I shall harass you tomorrow – says that voice inside my head, far away, while everything turns black in silence.

24 de mayo de 2009

(Capitulo 3) El despertar

Durante mucho tiempo me debatí entre la vida y la muerte, entre la conciencia y la inconsciencia. Desvariaba incongruencias mientras que mis recuerdos se disolvían y desaparecían en la negrura. Luchaba contra males inexistentes y el mundo velado se deslizaba lentamente ante mis ojos hacía atrás. Rostros extraños se inclinaban sobre mi con aire preocupado mientras que me arrastraban en contra de mi voluntad, y cuando creí que me volvería loco y que ya no podría más, caí en un profundo sueño y me olvidé de todo.

Cuando recuperé la conciencia estaba en una habitación de grandes ventanas por las que entraba la luz del sol, alegres cantos de pajarillos y el inconfundible sonido del agua de una fuente. Quise entender qué había sucedido pero tenía la mente en blanco, no podía recordar nada, no sabía dónde estaba ni como había llegado a ese lugar, no hubiera podido decir mi edad, ni quienes eran mis padres o hermanos, ni siquiera hubiera podido decir mi nombre completo, absolutamente todo se había ido.

Tenía la mirada perdida en el vacío cuando entró una mujer a la habitación y yo, alegre de ver a alguien, le pregunté dónde estaba y que había pasado pero ella salió tan apresuradamente como había entrado y le oí alejarse. ¿Se habría asustado? Me imaginé que sería alguna criada y que había ido a llamar al dueño de la casa en la que amablemente me estaban hospedando. Mis suposiciones resultaron correctas pues pronto escuché pasos fuera y casi de inmediato un hombre de edad madura y ceja enjuta entró a la habitación y me habló jovialmente en un lenguaje que yo jamás había escuchado. Era un hombre bastante alto, fácilmente de dos metros y al menos cincuenta años, sus ojos negros eran penetrantes y su melena cuidadosamente peinada era del mismo color que sus ojos a pesar de las numerosas canas que ya se contagiaban a su abundante barba, tan cuidadosamente peinada como su cabello. Se le veía fuerte y orgulloso, aunque no por ello escapaba a los ojos su carácter generoso y sus ademanes delataban educación y nobleza. Le miré con extrañeza sin saber que responder. Él lo volvió a intentar hablando más despacio y con señas le hice entender que no le comprendía, entonces él sonrió y también usando señas me dio la bienvenida y se presento conmigo como Centuriel.

Por mi parte no pude decir cual era mi nombre a ciencia cierta. Sin embargo él repitió varias veces el nombre Davian mientras me señalaba y caí en la cuenta que se refería a mi. Luego mi hospitalario anfitrión hizo traerme un desayuno que mi apetito no tardó en desaparecer. Él se retiró mientras comía y cuando terminé, la esposa de mi anfitrión, de nombre Naomi, vino a conocer a su singular huésped. Ella era una mujer de no más de 40 años, sus cabellos cobrizos y lacios caían con gracia sobre sus hombros, de rostro pequeño, nariz respingona y hermosos ojos verdes. Con señas agradecí su hospitalidad a ambos y tras darme una primera y breve lección de su idioma, se marcharon para que descansara y dormí de corrido hasta el otro día.

Mis heridas no habían sido muy graves a pesar de aquella caída estelar en el piso de piedra de la gruta, lo que casi me mata fue el haber andado por entre la tormenta varias horas sin abrigo alguno. Al parecer fueron dos semanas de estar inconsciente y casi al borde de la muerte y por lo mismo el médico aún me recomendó guardar reposo prolongado. Sin embargo y a decir verdad no hay nada que me fastidie tanto como estar arrojado en una cama, así que en cuanto me sentí con fuerzas me levanté y exploré aquel palacio. Luego y con un poco de ejercicio diario me recuperé completamente, lo cual sorprendió visiblemente a mis amables salvadores, quienes ofrecieron hospedarme algún tiempo más, mientras aprendiera (o recordase) lo necesario para valerme por mi mismo en aquel lugar. Un buen día Centuriel me mostró un gran mapa de su país, llamado Mirau. Un reino enclavado entre las montañas y en el que destacaba un gran valle llamado Merth, hundido entre dos inmensas cordilleras: Ervanú al sur y Carión al norte. Centuriel me señaló el lugar dónde me encontraron, en el palacio Corazón de las Montañas en medio de la cordillera de Carión, más al norte estaba el lago de Sermair en cuya orilla oeste se había levantado la ciudad de Riam y la fortaleza del lago.

Pude ver con claridad la riqueza y el poder de mis anfitriones. En realidad no había que ser muy listo para darse cuenta, siendo el señor de dos palacios de semejantes proporciones – el corazón de las montañas y en el que me estaban hospedando – Centuriel debía ser el monarca de aquellas tierras o al menos el primer ministro. Dado que sentía imprudente de mi parte dirigirme a él con una pregunta calificable de irrespetuosa, me dediqué a hacer preguntas inocentes por aquí y por allá con los criados y mis sospechas fueron confirmadas: Centuriel era el soberano. Sin embargo me parecía un tanto extraño y por alguna razón que aún no logro comprender del todo, tenía la impresión de que Centuriel y Naomi resultaban ser personas extraordinariamente sencillas para ser monarcas; aunque debo admitir que quizás estuviese equivocado y dicha percepción se debiera más bien a la sobrexcitación causada por leer novelas de intrigas del siglo XVI que - aunque no podía recordar haber leído - habían dejado mi imaginación vivamente impresionada.

Sea como fuese, aquello no me impidió quedar agradecido con ellos por todo cuanto habían hecho por mí y dado que había recuperado mis fuerzas del todo, comencé a preguntarme a que podía dedicar mis energías en aquel lugar para ganarme la vida. Quizá lo mejor que podía hacer era tomar mis pocas pertenencias y simplemente marcharme en busca de mi hogar. Me intrigaba hasta la locura y por más que lo intentaba no comprendía que rayos podía estar haciendo vagando solo por una montaña como Mid-Azel y mucho menos con que propósito. Al parecer Centuriel y Naomi no podían ayudarme mucho en ese sentido, pero como confiaba en ellos pensé que podían darme algún buen consejo.

Siguiendo los protocolos reales solicité audiencia con sus majestades y accedieron a verme aquel mismo día. Traté de abordar el tema de forma cortés pero sin dar muchos rodeos y después de agradecer todo cuanto habían hecho por mi, pregunté si había algún modo en que pudiera pagarles y serles útil ya que no podía seguir siendo una rémora que viviese a sus expensas sin que mi conciencia permaneciera intranquila.

- Vuestra gratitud habla bien de vos, caballero – fue la amable respuesta de Naomi – y ahora que os habéis acercado para hablar a este respecto creo que ha llegado el momento de entregaros aquello que os pertenece –

- ¿Qué cosa? – pregunté sin entender bien.

Ella no respondió y se limitó a sonreír

- Seguidme – dijo luego de una pausa, y así lo hice.

¿Entregarme algo? ¿Qué podía ser? No tenía la menor idea, pero esperé pacientemente. Ella hizo sonar una campanilla, tras lo cual se presentó inmediatamente un criado a quién le dijo algo en voz baja y se retiró rápidamente. Tras esperar un momento ambos monarcas se levantaron y me invitaron a seguirlos a una espaciosa sala dónde el criado sostenía en actitud de reverencia una larga alabarda y un arco de apariencia cristalina. Despidieron al criado quién cerró tras de sí las puertas de aquella habitación.

- Esto debe ser vuestro – dijo Centuriel señalando las armas.

Tomé la alabarda, tendría unos dos metros de largo y ambos extremos terminaban en una hoja afilada, el cristal era duro y frío como el hielo, perfectamente liso, de un color azul gélido que enrojecía en los extremos. Hice un molinete, era liviana y hasta parecía frágil. Entonces algo se agitó en mi memoria y cerré los ojos: Me vi de pie en un lugar desconocido, practicando con aquel objeto y alguien daba instrucciones frente a mí y cuando intenté ver su rostro la imagen se disolvió. Me concentré e intenté hacer volver la imagen pero ya no pude, a mi solo volvía el desconcertante recuerdo de estar atrapado, atado en un lugar oscuro, estruendoso y que se sacudía espasmódicamente. Volví a la realidad.

- No os podemos decir el lugar al que pertenecéis porque lo ignoramos – continuó Centuriel – tan solo sé que esas armas proceden de más allá del pico del Mid-Ervae, el único lugar dónde se puede encontrar el metal del que fueron hechas –

- No entiendo – fue mi tonta respuesta.

- Quizá esto os refresque la memoria – dijo Naomi al tiempo que mostraba un cofrecillo en el cual había un anillo de oro plateado. Incrustado al frente una insignia hecha del mismo metal cristalino mostraba una corona de cinco picos en cuyo centro un ojo miraba fijamente y debajo había una inscripción en caracteres ininteligibles. Me quedé mudo mirando aquella sortija, había algo que me resultaba familiar en esas letras pero no acertaba a atinar que era. Mi mente volvió a agitarse pero no hubo recuerdos esta vez, tan solo una la sensación lejana y vaga de haber visto antes aquel anillo y de recordarme rodeado de varias personas al tiempo que lo recibía, pero aún así no logré recordar quienes eran.

- ¿De quién o de dónde es este escudo? – pregunté alterado, olvidando frente a quienes estaba.

- Lo ignoro – obtuve como toda respuesta.

- ¿Queréis decir que no es de Mirau? – volví a preguntar olvidando que me dirigía a los soberanos. Naomi se sorprendió por mi tono de voz y mi insistencia.

- Quiere decir que si vos sois quién parecéis… – comenzó a decir pero luego guardó silencio dejando la frase incompleta.

- ¿Qué? ¿Que significa? – pregunté exaltado, su silencio solo consiguió intrigarme más.

- Significa – continuó Centuriel en su lugar – que sois un caballero de tierras lejanas y que indudablemente poseéis destreza en el manejo de las armas; además me atrevo a afirmar que habéis pasado penurias para conseguirles. El escudo del anillo habla de vuestra indudable ascendencia noble y si bien no pertenece a Mirau, bien que puede ser de alguno de los reinos al este de Ervanú, o al sur… en Vedar, las inscripciones abajo son vuestro nombre escrito en una antigua lengua muerta –

¿De verdad? pensé tontamente mientras él decía todo aquello. Fue entonces que comprendí como es que ellos sabían mi nombre a pesar de que yo lo había olvidado. Sin embargo ni siquiera ahora mismo recuerdo como es que conseguí aquel anillo o las armas, al parecer es un recuerdo que nunca podré recuperar.

- No son armas comunes y corrientes – agregó Naomi tras unos momentos – el material del que están hechas es raro y se dice que solo obedece a su verdadero dueño. Me complace poder devolvéroslas –

Había llegado el momento de hacerlo.

- Su majestad – dije hincando una rodilla frente a mis salvadores – soy yo quién se encuentra eternamente agradecido con vosotros y quisiera poder pagaros de algún modo todo cuanto habéis hecho por mí. Si es cierto que soy útil como hombre de armas permitidme entrar a vuestro servicio por el resto de mis días, pues solo así podré saldar la deuda que tengo con vosotros –

- El resto de vuestros días es mucho tiempo para alguien tan joven como vos – respondió Naomi – pero comprendo vuestra inquietud, los días que habéis pasado aquí me han convencido de vuestra nobleza sin necesidad de ver aquel valioso anillo con la estampa de vuestra casa, así pues quizás haya algo que podáis hacer –

- Os escucho majestad –

- Ya que os ofrecéis en servicio no seréis rechazado, pero a pesar de todo vuestra joven imprudencia os impulsa a ofrecer el resto de vuestra vida olvidando que son los cambios los que hacen al tiempo y no al revés. Quizá algún otro aprovecharía para abusar de vuestra ingenuidad para ataros por el resto de vuestra vida sin remordimiento alguno, cuando bien es posible que tengáis un hogar y una familia a la que os debáis y sería injusto que abusásemos de vuestra generosidad. Por eso es que os ofrezco algo mejor: entrad como guardia real y seréis tomado en servicio un mínimo de dos años, tiempo más que suficiente para que obtengáis ganancias honradas con las que os sea posible partir por vuestros propios medios. Sin embargo y si os consideras apto para ello entonces tenéis la libertad de marcharos ahora mismo: podéis tomar vuestras pertenencias y marchar ahora sabiendo siempre que podéis volver y esta será vuestra casa, sea la que fuere vuestra decisión –

Me quedé en silencio por unos momentos con la mirada perdida en el vacío. Era lo mejor que podía hacer y francamente no había contado con que fueran tan generosos. Si me quedaba un par de años mataría dos pájaros de un tiro: por un lado representaba una ocupación y me podría hacer de un poco de dinero con el que podría emprender el viaje y por el otro servirles era un modo perfecto de agradecerles todo cuanto habían hecho por mi, dos años era un tiempo perfecto.

- Acepto – respondí simplemente.

Ambos sonrieron casi imperceptiblemente y Naomi se levantó y tras despedirse amablemente se retiró. Centuriel llamó a un escribano a quién redacto una carta y después de colocar el sello de su majestad me la entregó.

- Gracias mi señor – es lo único que acerté a decir.

- Presentaos mañana en el campo de entrenamiento con el señor Bisut, el habrá recibido mis órdenes y os tendrá lista una prueba para evaluar vuestras habilidades –

- Si, mi señor –

- Espero no os presente problema –

- No señor –

- Retiraos ahora y asistid puntual a vuestro compromiso mañana –

Hice una reverencia y me retiré del lugar. A pesar de que esta solución no me convencía del todo fue suficiente para que dejara de darle vueltas al asunto. No sería sino hasta después de mucho tiempo que todos aquellos recuerdos se esclarecerían en mi memoria y comprendiera entonces todo el enredo en que estaba sumido y en el que estaba a punto de sumergirme más aún, mientras tanto lo único que podía hacer era intentar vivir de acuerdo a aquella historia que empezaba a entretejerse en mi cabeza aún cuando no pudiera comprenderla del todo.

8 de mayo de 2009

Penumbra y Sombra

No han pasado más de 5 minutos desde que las luces se apagaron allá afuera y que la oscuridad devorara los contornos de de la persiana que se mece con suavidad y ligereza acariciada por la brisa que entra por la ventana. El silencio sería casi total de no ser por el eco lejano e indistinto del viento meciendo los árboles y la autopista por la que corren autos a todas horas de forma indistinta. El reloj marca las 12 mientras intento conciliar el sueño revolviéndome entre las sábanas por enésima vez, sin resultados, mas bien pareciera que -sentado allá en el rincón- se riese burlón de mi, mientras disfruta el espectáculo que supone verme luchando contra los pensamientos más descabellados que cruzan mi mente y la sarta de sinsentidos que me atormentan. No puedo dormir, el calor es infernal, el aire esta viciado, el bochorno me esta sofocando muy a pesar de que tiene rato que arrojé el cobertor lejos de mi.

- Por favor… por favor – ruego en silencio mientras me incorporo y me siento en la orilla de la cama mesándome los cabellos – sal de mi mente, déjame dormir… déjame en paz, por favor calla… sólo… vete –

No hay respuesta, nunca la ha habido; al contrario es tu nombre el que vuelve a mis labios y juguetea en ellos, los ilumina con una sonrisa tímida que se opaca de inmediato por el dolor, un dolor punzante y agudo que me traspasa el corazón y me impide respirar. Me llevo las manos al pecho e intento arrancarme el corazón sin lograrlo, sabiendo de antemano que mis intentos son ridículos y patéticos, que no solo no lo lograré sino que en realidad ni siquiera lo quiero, que muy al contrario soy un masoquista imbécil que ama este sensación, que ingenuamente disfruta de esa insoportable llama que me escose en el alma, tal como escose una gota de limón en la herida abierta. ¿Por qué tiene que doler? ¿Será más bien el miedo que me carcome? ¿Pero miedo a qué… miedo a qué?

 

La respuesta es tan sencilla y ridícula que me causa asco…

 

…tengo miedo de sentir ese dolor de nuevo…

 

…no…

 

…no tengo miedo…

 

…en realidad estoy aterrado…

 

…porque aunque lo deseo…

 

…simplemente no puedo…

 

…ni quiero…

 

…volver a sentirme así de nuevo…

 

…pero que ahora seas tú la causa…

 

…y aunque con esto no quiero decir que forzosamente lo serás…

 

…por favor acepta esta sincera disculpa por sentirme así por ti…

 

…no ha sido mi intención y supongo que lo sabes…

 

…pero si no, solo por favor se amable y devuelve mi corazón con gentileza… gracias, eres toda una dama.


Gloom and Shadow

I hasn't been more than 5 minutes since the lights turned off otuside and for darkness to devour the outlines of the louver that swings softly and thin cuddled by the breeze that comes trough the window. Silence would be absolute if there wasn't that far and vague echo of the wind swinging the threes and the highway where cars are running all the time. The clock strikes midnight while I try to fall asleep revolving myself in the sheets for nth time, without results, its more like if -sitting there in the corner- the sleepiness would mock in laughs of me, while enjoying the spectable that means to watch me fighting against the worst misbegotten thoughts that ride trough my mind and the bunch of nonsenses that harass me. I can't sleep, the heat is infernal, the air is faul and the sultriness is suffocating me even thought I threw away the blankets a while ago.

- Please... please - I beg in silence while I sit down in the border of the bed, messing with my own hairs - get out of my mind, let me sleep... leave me in peace, just shut up... just... go away -

There's no answer, it has never been; in the opposite your name comes back to my lips and play in them, illuminates them with a shy smile that dims immediately because of the pain, a acute stabbing pain that pierces trough my heart and draws my breath. I bring my hands to my chest and I try to pull out my heart with no success, knowing from beofre that my attempts are ridiculous and pathetic, that not only I won't make it but that in fact I don't even want it, that completely the opposite I'm an imbecil masochist that loves this sensation, that naively enjoys this unbearable fire that burns my soul, just as lemon in an open wound. Why does it has to hurt? would it might be the fear gnawing me? but fear to what... fear to what?

 

The answer is so simple and ridiculous that disgusts me...

 

…I'm afraid of feeling that pain again…

 

…no…

 

…I'm not afraid…

 

…in fact I'm terrified…

 

…because even if I want it…

 

…I simply can't…

 

…nor want…

 

…to feel like that again…

 

…but that this time you’ll be the cause…

 

…and even if I don't mean that necessarily you will be…

 

…please accept this sincere apology for feeling this way for you…

 

…it was not my intention and I think you know it…

 

…but if not, just please be kind and give back my heart gently… thanks you're a real lady.

14 de febrero de 2009

(Capitulo 2) La Tormenta

Todo comenzó una tarde fría y nublosa de Octubre. En todo el día el sol no había logrado asomar ni la mirada entre las nubes que se arremolinaban, los árboles se doblaban con el viento y una horrible llovizna anunciaba la inminente llegada de la borrasca. Aquel día hubiese sido como cualquier otro de no ser por lo inusual de una tormenta de ese tipo en pleno otoño; una vez terminadas las clases en la universidad decidí seguir las advertencias de los noticieros e ir a casa lo mas pronto posible. Me empapé completamente mientras corría hacía el automóvil aunque ya dentro me sentí un poco más tranquilo. El ruido de la calefacción se mezclaba con el sordo traqueteo de la lluvia, mientras que de las rendijas escapaba un aire lleno de polvo con olor a quemado y que me aliviaba un poco las narices. No hacía mucho frío pero la ropa mojada lo hacía parecer mucho peor de lo que era en realidad. Después de entrar en calor y sintonizar el noticiero en el radio salí de la universidad rumbo a mi casa. Miré mi reloj, eran las 6 de la tarde.

Unos minutos después de que dejé la universidad la lluvia se convirtió en un aguacero torrencial y más parecía una infranqueable cortina de agua, aquella tormenta acaparaba la atención de los noticiosos y supe que ya había inundado algunas partes de la ciudad y varias calles importantes estaban anegadas y con tráfico lento, supe de inmediato que no podría cruzar por el centro de la ciudad y a mi juicio resultaba imprudente usar la vía subterránea con semejante borrasca en curso. Tras meditar rápidamente en un semáforo me decidí por usar la calzada que corre junto al canal y que da un largo rodeo a la ciudad, una avenida poco concurrida y en la que abundaban las naves industriales. Aquella avenida lucía como siempre vacía y tétrica, con el pavimento lleno de baches y parches que dejaba el continuo circular de los pesados camiones de carga. Pronto llegué al puente que cruza sobre el canal y cuando iba a la mitad el auto se apagó sin motivo aparente, el espacio se iluminó por completo y un instante después el atronador bramido de un trueno casi me revienta los tímpanos. Quedé atontado por unos momentos pensando que me había quedado sordo; luego comprobé que aún escuchaba el estruendo del agua cayendo, los relámpagos azotando el cielo y el ventilador funcionando al máximo. No podía ver nada hacia adelante ni hacia atrás y fuera la neblina era tan espesa que hasta dentro del auto parecía percibirse.

Aún atontado miré mi reloj y lo que vi me desconcertó: los dígitos se habían congelado, le di unos golpecitos para ver si reaccionaba pero no sucedió nada. Un escalofrío me recorrió la espalda mientras intentaba encontrar la posible explicación a aquella anomalía y poco a poco el miedo comenzó a apoderarse de mi. Aún sin dejar que el pánico me dominase pensé en salir de aquel mal paso en el auto e intenté encenderlo sin saber si aún funcionaba, palpé el tablero para cerciorarme de que el motor estuviera encendido pero la lluvia hacia vibrar al auto de tal forma que no pude estar seguro de ello. Ya estaba totalmente oscuro y ya no sabia si seguía lloviendo o era algún otro cataclismo apocalíptico; no podía pensar racionalmente, el estruendo me había ensordecido, había dejado de ver y seguro pronto dejaría de sentir. Busqué con desesperación la manija del automóvil y sin pensar mucho hice lo único que podía hacer: huir. La idea fue estúpida, cuando abrí la puerta una masa de agua turbia me golpeó en el rostro furiosamente y me sacó del auto en un instante, me sujeté y traté de encontrar el piso bajo mis pies sin lograrlo. Aquel torrente furioso amenazaba con arrancarme de mi asidero en cualquier momento y cuando sentí que ya no podía sostenerme por más tiempo, el nivel del agua bajó de repente y por fin sentí el piso bajo mis pies. No fue por mucho tiempo: una colosal ráfaga de viento me arrebató como si fuera un guiñapo y me levantó por los aires en medio de la tormenta. Vi mi auto y la calzada desde lo alto y fue entonces que supe que aquel era mi fin, algunos instantes después todo se volvió negro.

No sé por cuanto estuve inconsciente pero debió ser mucho tiempo. Desperté con sobresalto, arrojado sobre un montículo de nieve al lado de un desfiladero de profundidad insondable. Tenía la cabeza cubierta de sangre seca y congelada, y la humedad de mi ropa también se había congelado creando miles de pequeñas agujas de hielo que se me clavaban despiadadamente antes de romperse cada vez que me movía. Arrastrándome intenté resguardarme de aquella tormenta detrás de un saliente rocoso en la pared de granito que se elevaba a mi derecha y cerré los ojos, intentando despertarme de aquel mal sueño. Aquello no podía estar sucediendo ¿dónde estaba? ¿Cómo rayos había ido yo a parar a aquel lugar? ¿Estaría muerto? Quizás pero ¿aún muerto sentiría ese dolor tan punzante? Incluso aún si lo estaba quizá sería mejor pensar que seguía vivo y no dejarme morir.

Me levanté y avancé vacilante por la orilla de aquel risco, sometido a la mortal atracción del abismo y con el viento amenazando todo el tiempo con arrojarme a las afiladas rocas del fondo. Sin saber hacia dónde ir ni de dónde saqué fuerzas para caminar, erré sin rumbo durante mucho tiempo contra la ventisca. Cada paso que daba era una tortura insoportable: las costras de hielo que se formaban eran filosas y duras y ya habían convertido mi ropa en un montón de jirones que en absoluto servían para protegerme del frío. Avanzaba cada vez menos y aunque había dejado de sangrar, las fuerzas me faltaban y no tenía muchas esperanzas de salir vivo de aquel infierno. Pero no me dejaría morir, mi carácter obstinado no me dejaría rendirme hasta que las fuerzas me fallaran y quedara completamente exánime.

Busqué algo que me diese esperanza, una ruta para bajar de aquel lugar ó un refugio dónde pudiera protegerme hasta que pasara la tormenta. Como respondiendo a mis pensamientos el viento dejo de soplar por un momento y hubo un pequeño claro entre las nubes por el que creí ver, no muy lejos allá abajo, un borroso grupo de luces en medio de un bosque tenebroso, la visión desapareció en unos instantes pero me fue suficiente. No podía estar muy lejos de ahí y con algo de esperanza me levanté y di unos pasos en la dirección que vi aquellas luces. Sentí que me faltaba un punto de apoyo, algo crujió debajo de mi y traté de afianzar los pies, en ese momento el piso se hundió y dando un grito de terror traté de sujetarme de la nieve pero fue inútil, caí en un túnel horadado en el hielo y me deslicé a gran velocidad a través de él provocándome múltiples cortaduras en los brazos y en la espalda. La oscuridad abandonó el túnel dando paso a una luz dorada que resplandecía en las paredes de hielo y aquel tobogán terminó -tan abruptamente como había empezado- en una caverna del tamaño de una habitación. Choque contra un cristal que estalló en pedazos y caí violentamente sobre el suelo de piedra y sobre mi un pesado montón de nieve que me sepultó. Quedé sin moverme por varios minutos, aún tratando de cubrir mi cabeza de alguna roca que hubiera arrastrado durante mi estelar aterrizaje y temí haberme fracturado algo. Cuando por fin me atreví a moverme y abrí los ojos quedé completamente estupefacto, lo que vi era difícil de creer y tal vez un poco más difícil de describir.

Estaba en una habitación, más bien en una caverna que había sido adaptada como habitación. De la parte alta de la gruta colgaban dos candelabros de madera y rematados en oro que difuminaban aquella luz dorada que percibí en el interior del túnel de hielo. Frente a mi había una pesada puerta de caoba con unas extrañas inscripciones en unos caracteres que tenían un curioso parecido al alfabeto que había creado para mis escritos. Dicha puerta se encontraba justo al centro de una pared adornada con tapices, cuadros de hermosos paisajes y retratos de hombres y mujeres de una época muy lejana. Las paredes adyacentes estaban cubiertas por libreros que llegaban hasta el techo y al fondo de aquella gruta-habitación había unos cojines muy grandes, dos sillones, un diván y una mesita con un jarrón sosteniendo unos alcatraces marchitos. Empecé a dudar de la realidad de lo que veía y mientras más lo veía, más extraño me parecía y menos lo creía. ¿Alucinaba? De lo único que estaba seguro es que me sentía exhausto y fue por ello que dejé de divagar acerca del porque de la existencia de semejante gruta habitada en medio de una montaña sacada del Himalaya, ni remotamente parecida a los cerros en los que estaba enclavada mi ciudad.

No sabía bien que hacer y empecé a sentirme muy nervioso. ¿De quién sería aquel lugar? ¿Cómo le explicaría mi presencia ahí? Evidentemente el lugar estaba enterrado en la nieve para mantener su secreto y al dueño no le agradaría que lo hubiese descubierto, aunque en realidad no servía porque no tenía ni la más remota idea de dónde estaba ¿Qué podía decirle?

- Buenas tardes – dije bobalicón en una conversación imaginaria – disculpe usted, soy David y acabo de romper el vidrio del tragaluz de su biblioteca, lamento los inconvenientes… ¿de casualidad no tendrá algo para comer? –

Reí un poco con mis propias ocurrencias mientras me armaba de valor, quizás con un poco de suerte podría encontrar la salida de aquel lugar subrepticiamente y luego… ¿Qué haría? ¿Correr? ¿Hacia dónde? ¿Sabría encontrar el camino hacia el pueblo más cercano? Quizás el dueño del lugar sería alguien comprensivo y me dijera como regresar a mi lugar, no podía ser muy lejos ¿Qué tanto podría arrojarte un viento enfurecido? ¿Algunas decenas de kilómetros? Como fuese decidí salir y buscar algún lugar donde esconderme mientras decidía que hacer. Me levanté y abrí la puerta de la habitación, y si de por sí lo que ya había visto era inimaginable, lo que a continuación vieron mis ojos carece de palabras que lo alcancen a explicar correctamente. Me encontré en una caverna de proporciones colosales, prácticamente inconmensurables, aquella no era una caverna, era una enorme bóveda oval en cuyo centro se elevaba un majestuoso trono de terciopelo y plata que, a pesar de la penumbra en que estaba sumida la caverna, brillaba misteriosamente. Frente a él un camino ricamente embaldosado conducía a una enorme puerta metálica que parecía estar hecha de plata pulida e iluminada por un rayo de luz salido de quién sabe dónde. El techo se perdía en la oscuridad y altas columnas de granito de por lo menos unos 3 metros de diámetro, bordeaban majestuosamente todo alrededor de aquella sala y se elevaban hacia esa negrura espesa dónde desaparecían. A media altura, en toda la pared de alrededor de la sala había un amplio pasillo, bordeado por un barandal blanco y con estatuas de ángeles por aquí y por allá. Varias puertas a la derecha y a la izquierda delataban la existencia de más habitaciones, mientras que el pasillo se perdía en la oscuridad.

Perdí la noción del tiempo mirando maravillado todo aquello, no sé bien cuanto tiempo estuve ahí pero casi olvidé todo lo que había sucedido. Me había olvidado completamente del por qué o dónde podía estar aquel palacio esculpido en la roca. No sabía y tampoco me importaba a quién pertenecía ó había pertenecido: ese lugar no tenía parangón y no existía un palacio sobre toda la faz de la Tierra que pudiese competir con él.

Finalmente el cansancio me arrebató de mis pensamientos, las fuerzas me abandonaron y todo empezó a ponerse negro, caí de bruces. Mi último recuerdo fue el de unos pies calzados en oro cuya dueña toco mi frente y dijo algo en un idioma que no comprendí, después de eso todo se oscureció.

7 de febrero de 2009

Borrasca Primaveral

Debo admitir que los títulos no son mi fuerte, quizá lo que más tardo en idear y aterrizar siempre que me decido a escribir es el título. No parecen importar todos los años que he pretendido escribir, ni las cuartillas y cuartillas que he consumido inútilmente a diario tratando de plasmar lo que siento, lo que veo y a veces lo que imagino; siempre ha de llegar el maldito momento de titular lo escrito. Entonces paso horas y horas pensando un título que me convenza sobre lo que he escrito, tan solo para luego borrarlo y colocar alguna idiotez (P.E: “El último de los guajoloteros”, originalmente se iba a titular “El extraordinario arte de lo ordinario”). En fin, esta vez me he decidido por dejarme de tonterías y poner lo primero que me venga a la cabeza. Terminada esta pequeña aclaración, continuaré con lo que me atañe.

Borrasca Primaveral

Cursi a más no poder, receta clásica de un día en que me despierto feliz sin razón aparente. Quizá por lo agradable de un sueño que no consigo recordar, quizá por la dosis de endorfinas que me suministró el ejercicio del día anterior, quizá porque simplemente es primavera y a diferencia de otros días fueron los cantos de los pájaros que entraban por mi ventana los que me arrebataron con suavidad del sueño. No lo sé, por hoy no tengo ganas de despotricar en contra del mundo, ni de filosofar sobre la posible razón de la existencia del universo.

Me basta con mirar embobado como se arremolinan esas nubes allá arriba y se tornan grises y amenazadoras, me basta con ver ese lento transformarse de los colores del mundo que cambian conforme se acerca la borrasca: el aire pareciera volverse cristal de una transparencia inigualable y los colores se avivan, como si con ello pudiesen evitar convertirse en ese gris fantasmal que flota en el aire mientras llueve. Entonces una extraña pesadez parece invadir al mundo mientras el silencio se apodera de todo ser, solo el viento sopla helado desde la costa y la humedad escurre el ambiente. Una gota aquí, luego una gota allá, y una más - arrojada desde quién sabe dónde – se estrella contra mi rostro y se despedaza en silencio. Y el espacio se ilumina por un instante y el vacío retumba con ensordecedor clamor en medio de un aire sobrecalentado por impredecibles variaciones electrostáticas. Pero eventualmente vuelve la calma y ese sordo traqueteo de la lluvia que inunda los suelos. El aire enrarece y envicia, las nubes pierden toda forma y convierten el cielo en un borrón oscuro amenazante, el viento arrecia y los árboles se inclinan ante el paso del viento como si aquel fuese un enviado divino de los océanos. Y la claridad vuelve sin razón aparente mientras que la lluvia cesa repentinamente, y un rayo de sol atraviesa aquel sombrío manto de grises nubarrones y por breves momentos se dibuja en el cielo un espectro de colores puros que más de una vez ha hecho soñar a los hombres.

Sí, cursi a más no poder. Viendo maravillado un arco iris primaveral mientras el resto del mundo se colapsa a mi alrededor, viendo extasiado todo aquello mientras tu pregunta vuelve a mis pensamientos inexorablemente, inevitablemente; aquella pregunta que hicieras un día mientras intentaba encontrar el secreto del brillo de tus ojos, aquella maldita pregunta que nunca supe contestar, y quizá nunca pueda…

 

¿Pero por qué poesía? ¿Que diablos puedo yo saber de ella?

 

Si no es otra cosa que una serie de palabras inconexas que intentan describir sin éxito la belleza de tu rostro.

 

Si no es más que un montón de palabras cursis que despedazan la verdadera esencia de tus labios en un intento por halagarles.

 

Si no es más que las palabras de este tonto que pretende comparar la burda majestuosidad del atardecer con la gracia de tus cabellos.

 

Si tan solo es la ridícula idea de creer que existen palabras adecuadas para describir la profundidad de tus ojos.

 

Sí, eso es la poesía: el vano intento de convertirte en palabras.

 

Y tan inútil se muestra la poesía para describirte, como yo para encontrarte….

 

Sí, cursi a más no poder, pero no me importa, no por hoy……

(Inspiración obtenida de: Lago de los Cisnes Acto II Moderato. Compositor: Tchaikovski. Interpretada por: Orquesta Filarmónica de Belgrado.)

Spring Storm

I must admit that titles aren't exactly my strong point, probably the thing I delay the most in think and land whenever I decide to write, is the title. It doesn't seem to matter all the years that I have pretended to write, neither the sheets and sheets I have consumed uselessly and daily trying to write down what I feel, what I see and sometimes what I imagine; the damn moment of entitleing will always come . Then I can spend hours and hours thinking in a title that convinces me about the written, just for deleting it later and giving a shitty title (For example: "The last ramshackled bus" was originally going to be titled as "The extraodinary art of the ordinary"). Well, this time I have decided to leave the bullshit and title this with the first thing that comes to my mind. Now I finished this little explanation I shall go on with my business.

Spring Storm

Tawdry to death, classic recipe for a day when I wake up happy with no apparent reasn. Maybe because of a nice dream I can't remember, maybe thanks to the dose of endorphines supplied by yesterday's exercise, maybe just because its spring and unlike other days I was softly waken from my dreams thanks to the birds songs that came trough my window. I don't know, today I'm unwilling to rant agains the world, nor to philosophize about the possible reason of universe existance.

For me its enough to foolishly watch those clouds swirling up the and torn gray and threatening, for me its enough to watch that slow transormation of the world colors that change as the storm comes closer: wind seems to become a cristal of unmatched transparency while colors kindle, just if they could avoid their inevitable turn into spooky gray that floats in the air while raining. Then a weird heavyness comes over the world while the silence takes over all beings, just the wind blows cold from the shores and dampness drips on the atmosphere. One drop here, then one drop there, and one more - thrown from who knows where - smashes in my face and breaks in silence. Suddenly and for a moment everything is flashed and the void rumbles with deafening noise within an overheated air by umpredictable electrostatic variations. But eventually everything comes back to calm and that hollow clatter of raining flooding the skyes. The atmosphere becomes rare and visicious, the clouds loose all form and turn the sky into a dark threatening blot, the wind tightens and the threes bend before him just if he was the holy messenger of the oceans. Brightness comes back without a reasonwhile the rains gives in suddenly, and a sunbeam gets trough that glum wrap of gray clouds and for a short moment in the sky is drawn a spectre of pure colors that more than once gave dreams to many men.

Yes, tawdry to death. Watching amazed a spring rainbow while the rest of the world collapses around me, watching in extasis all that spectable while your question comes back to my thoughts inexorably, inevitably; that damn question that you might have asked one day while I was trying to uncover the secret in the shine of your eyes, that damn question that I never knew how to answer, and maybe I will never can...

 

But why poetry? what the hell can I know about it?

 

If its not more than a serie of unconnected words that uselessly try to describe the beautiness of your face.

 

If its not more than a bunch of tawdry words that shatter the real spirit of your lips, in a foolish attempt to please them.

 

If its no more than the words of this idiot who tries to compare the coarse majesty of afternoon with the charm of your hair.

 

If its just the ridiculous idea that there are enough words to describe the deepness hidden in your eyes.

 

Yes, that's poetry: the vain attempt ot turning you into words.

 

And as useless has proven poetry to describe you, as me to find you...


Yes, tawdry to death, but I don't care, not for today...

(Inspiration supplied by: Swan Lake Act II moderato. Composer: Pyotr Ilyich Tchaikovsky. Played by the Philarmonia Orchestra Belgrado)

1 de febrero de 2009

El ultimo de los guajoloteros

Un zumbido agudo y penetrante inunda aquel oscuro e interminable pasillo de deslucidas paredes grises: un ruido insoportable que ensordece y casi impide respirar. El tiempo parece detenerse mientras que las paredes se resquebrajan, cimbradas hasta los cimientos por aquel estruendo apocalíptico. Se detiene, tan solo para volver con mayor intensidad; se detiene y vuelve, se detiene y vuelve... y asi sucesivamente, en un ciclo quizá interminable....

Agrio es el sabor de la noche en abandono,

será el día en que inicie el retorno.

Me estorba la memoria, los sentidos me distraen

y se equivocan en las aguas de la certeza

Y por cada ciclo, la pausa se convierte en un silencio reconfortante, que dura menos que una respiración; pero el chillido vuelve inexorablemente, rompiendo aquellos breves momentos de silencio. Y el mundo entero se desdibuja y decolora, se oscurece, se deforma horriblemente con cada uno de los estertores de un despertador en agonía, que suplica a su dueño perdonarle por haberle arrebatado con tanta violencia de su pacífico sueño.

I feel alright
And I cried so hard
The ridiculous thoughts
I feel alright, and I should have lied
But I cried so hard
The ridiculous thoughts
I should have lied

¿Pero en verdad era pacífico? El mutismo de las sábanas, extendidas sobre la cama no revela en absoluto la tragedia que se recién se ha librado en mis sueños: tan solo yacen ahi sobre la cama, muertas como el resto de la habitación, aún inundada por el ruido infernal del despertador. Extendiendo mi mano devuelvo con suavidad al sueño a aquel compañero fiel que diariamente se desgañita para traerme de vuelta al mundo, en contra de mi voluntad, pero obligado al mismo tiempo por ella...

Ya son las 7:16 y el cadáver del minuto que paso me dice:

"Tú estrategia te arruinó, no queda más que ir aprendiendo a vivir solo,

si te quedan agallas"

Y extraño presentimiento me invade... una certeza casi agobiante... asfixiante... de proporciones dificilmente imaginables. Bueno, quizá este exagerando, pero si sé que tres cabellos son guillotinados de mi cabeza y caen lentamente al suelo. ¿Por que sucede esto? ¿Por que es que me preocupa tanto? ¿Acaso aquella constelación que por tanto tiempo me he dedicado a ignorar me ha deslumbrado tanto? ¿Cual es el problema con ello? Por favor explicame que no os entiendo....

Hold me now
I'm six feet from the edge and I'm thinking:

Maybe six feet

ain't so far down

No hay mucho que comprender, hace poco le vi y me pareció una entre tantas: brillante y llamativa, pero como a otras tantas, no quise mirar más allá temiendo lo que pudiera hallar... quizá por miedo, quizá por desgano... quizá para evitar desilusiones futuras... quizá por ridicula indiferencia... quizá... quizá... quizá... Pero entonces me decidí por dejar de lado los prejuicios estúpidos y miré un poco.... y quizá haya sido un tonto por hacerlo, pero no me importa, creo que valió la pena....

¿Querrás tú rectificar las líneas de mis manos?

¿Quién esparcirá al azar los pozos del café?

¿Y que decía la bola de cristal, cuando echo a rodar?

¿Que más puedo necesitar?

¿Tengo algo que perder?

¡No puedo perder!

Me percaté que aquella constelación entre tantas, es poseedora de una belleza singular y poco común.... inigualable.... mas brillante aún que sus contornos perfectos y graciosos.... más delicada aún que su apariencia de muñeca de porcelana... en fin... la belleza escondida parece ser mayor que la visible y tangible...

Where has my heart gone?

trapped in the eyes of a stranger.

I want to go back to:

believing in everything and knowing nothing at all

Y me enamoré sin querer y de golpe de esa belleza que vislumbré en el interior... sin saber si debía o no... sin saber si podía o no.... percatándome que una vez más mi corazón era libre para sentir... sin tener tapujos mentales que quisieran protegerme innecesariamente.... sin darme cuenta ahí estaba mirándole extasiado, hasta que ya era demasiado tarde....

¿Y como deshacerme de ti, si no te tengo?

¿Como alejarme de ti, si estas tan lejos?

Y es que el problema no es cambiarte

El problema es que no quiero

Sucedió de pronto y en silencio... pero a pesar de las pesadillas y el miedo que me invade, a pesar de esta imaginación desbordada que ha insistido en ver guiños dónde hay calidez cotidiana, o ver monstruos dónde hay vacios sin fondo.... a pesar de saber que sigo siendo arrastrado por un camino desconocido y peligroso.... a pesar de todo ello no he de apearme pronto, aún tengo que saber hasta dónde he de llegar.

Another beauty loved by a beast,

another tale of infinte dreams.

Your eyes they were my paradise,

your smile made my sun rise.

No me culpéis por ello... no pude evitarlo.... simplemente decidí subirme al ultimo de los guajoloteros....

17 de enero de 2009

How it should have ended (HISHE)

Me sucede harto a menudo. Veo una película e inevitablemente me sale el comentario: “Eso es ridículo”, “¿Como es que no le dieron? [un balazo]”, “Es tan tonto(a), tan fácil que hubiera sido hacer…”, “¿Como diablos hizo eso?”, etc. Platicando con algunos de mis hermanos llegamos a la conclusión de que muchas películas carecerían de historia si los personajes se tomasen la molestia de usar el sentido común y actuar en consecuencia. Al grado que uno muchas veces uno dice: “esa película debería haber terminado así” o “yo hubiera hecho tal”. Hoy mi hermana me mostró que hay un grupo de entusiastas –a quienes por cierto no les falta sentido del humor- que no sé quedaron con las ganas e hicieron sus propios finales de películas “como debieron haber terminado”.

Sin más preámbulo los dejo con “How spiderman 3 should have ended”. Visiten HISHE.com y busquen su película favorita.

http://www.youtube.com/watch?v=HoNgMVFQNBI

10 de enero de 2009

Fantasía

Esa tarde el cielo se cubrió de suaves colores nacarados, amarillos fulgurantes y anaranjados resplandecientes sobre un color violeta opacado únicamente por el polvo sucio y gris que se elevaba de la ciudad. El viento helado, que anunciaba la noche, barría el calor que el día había traído, y las nubes brillaban, como si fueran pedazos de vidrio arrojados al cielo, por encima de un sol que moría bajo la línea del horizonte; había sido un día soleado y caluroso, hermoso para muchos. Pero para mi, junto con el sol desaparecían también todas mis esperanzas; me hubiera gustado extender la mano y detener su inexorable viaje por la bóveda celeste, detener por tan solo un segundo esa agonía del día que se llevaba mis ilusiones, que me arrastraba inevitablemente hacia la oscuridad de la noche, pero para cuando miré de nuevo hacia el horizonte, los últimos rayos de sol ya habían muerto tras las montañas.

¿Estaré exagerando? Quizá si, pero no puedo estar seguro ¿de que modo puedo estar seguro?. Al final de cuentas ¿no soy feliz con lo que tengo? ¿Acaso no fui yo quién decidió esto? ¡No, no te permitiré que me señales! Te recuerdo que no estoy yo solo en esto ¿Quién demonios puede sentir semejante melancolía al ver un atardecer tan espléndido? No lo sé, pero quiero pensar que no soy el único. Quizá es tan solo mi imaginación desbordada, quizá mis amigos tengan razón y esta supuesta maldición que pesa sobre mi cabeza es tan solo una superstición ridícula e infundada. ¿Será cierto? Ojala y fuera tan fácil simplemente ignorar todo cuanto ha sucedido y simplemente pretender que estoy bien y que el mundo es bello. Quizá si lo sea, pero yo no logro encontrarle sentido a toda esa belleza, ¿acaso el atardecer no es prueba suficiente? Mira esos colores, mira la perfección de esas nubes que se arremolinan allá arriba… pero ¿eres necio acaso? ¿de que te sirve todo eso? ¿por qué insistes en torturarte? No es por gusto, si es lo que esperabas escuchar, si pudiera detener todo esto ahora mismo lo haría pero simplemente no puedo.

¿En verdad habré enloquecido? No, yo sé que no, ella existe, aunque ellos jamás le hayan visto ¿que saben ellos de lo que yo viví? ¿Estuvieron ahí acaso? Ella estuvo en mis brazos, me basta con cerrar los ojos para recordarlo, para sentir de nuevo la suavidad de su piel, aun puedo oler el perfume de sus cabellos rojizos y mis labios aún arden por aquel beso bajo la luz de las estrellas. No, definitivamente no puedo pretender que todo aquello no sucedió, que aquellos hermosos y enigmáticos ojos grises solo fueron una alucinación sin sentido y que todo fue tan solo un producto de mi imaginación desbordada.

Quizá algún día me convenzan de su inexistencia, quizá algún día en verdad decida hacer caso a mis padres y a todos aquellos que insisten en que ya deje de lado esa terquedad que aparentemente me mantiene alejado de las señoritas de mi edad. Pero si vieran que en verdad ya lo he intentado, demasiadas veces y he salido lastimado las suficientes. Hasta antes de ella lo único que había conseguido eran sinsabores y crueles decepciones. ¿No debía entender el mensaje? Me volví confidente de aquellas a quiénes quería conquistar y amar, un amigo tan bueno que era imposible amarlo de otro modo, aún ahora acuden a mí sabiendo que les escucharé y comprenderé, y que quizá hasta les ayude a resolver aquel insoluble con el hombre a quién aman. Pero mi papel es fastidioso, lo odio con toda el alma, me cansé de que me digan lo bueno que soy, de que me llamen ángel, de tener que mirar siempre el amor de lejos y jamás tenerlo.

¿Qué estas diciendo? ¿Que yo pedí ser el caballero negro? ¡Calla ahora mismo insensato! Yo nunca deseé esto, jamás pedí esta cruel soledad, soledad que quizá no sería tan cruda de no ser que cada vez que volteo hay algo que me lo recuerda y que me muestra una felicidad que jamás he conocido. No necesito que alguien venga a decirme que tenga fe, que ya aparecerá ese alguien cuando menos lo espere, que no debo ser terco y empecinado; pero ¿cómo explicarles que no es terquedad? Tan solo locura ¿Cómo buscar a ese alguien inexistente a mi alrededor sabiendo que no ésta ahí? Al final, lo único que he conseguido es perder lentamente la esperanza de encontrarle de nuevo en medio de esa cursilería llamada “amor verdadero”, porque para mí ya dejó de existir, se volvió la imagen irreal de una felicidad inalcanzable y que alguna vez creí tener entre mis manos.

¿Olvidarme de ella? Si, quizá esa sea la solución, pero ojala y fuese tan sencillo como suena. Pero no puedo apartarla de mis pensamientos, ella sigue ahí: presente y latente. ¿Cómo hacerles ver la hipocresía de hacer lo que me piden? ¿Cómo diablos hacerles ver lo vil que es comparar interminablemente a ese alguien, amable, sincero y que solo busca mi comprensión y cariño, con ella? Es insostenible: miro al futuro y no veo una vida a su lado, al contrario, mientras más miro ese futuro, más cuenta me doy de que a mi lado solo hay lugar para ella.

Pero lo que quizá deban comprender todos aquellos que me dicen necio e insensato, es que no hay otro modo en que pudieron haber sucedido las cosas, es lo que me gané por desafiar al destino y atreverme a brincar esa brecha que separaba nuestros universos: ser tachado de loco insano. Pero en realidad eso me importa poco sí -al final de cuentas- es el precio justo por amarle. ¿Acaso no fui yo quién pidió ser el caballero negro? ¿Acaso mi autor no me advirtió que serlo implicaba permanecer solo para siempre? ¿Acaso no debí comprender que este es mi camino? ¿Acaso no es el pago justo por la grave insolencia de querer desafiarlo en su propia historia e ir a buscarla a su mundo a pesar de todo? Quizás si, quizás tenga bien merecido este castigo y ser recluido por el resto de mi existencia en las hojas de este libro a merced del destino, y peor aún: sabiendo que ella no esta muy lejos ¿que tan lejos es el anverso de esta página? casi nada, solamente es el otro lado del universo. Si, quizás si, si tan solo hubiera sido más paciente hubiera descubierto que mi autor planeaba cambiar mi destino y ponerme a su lado, pero mi insolencia le ha enfurecido y he sido condenado para siempre, lo sé y lo acepto, es el precio justo por amarle.

¿Que debo hacer? ¿Debo decir esto a aquellos que me tachan de loco? Jamás lo podrán comprender porque para todos ellos yo soy un mentiroso que la ha inventado, soy un pobre loco enamorado de una fantasía, soy un egoísta amante de la noche y de la soledad que irradia porque esa misma soledad es la que me consume. Y no hay forma alguna en que pueda deshacerme de ella, ni hoy ni nunca. Vivo solo, camino solo, miro a mí alrededor y sigo solo, amante fiel de la fantasía, que llorando como idiota intenta secar interminables lagrimas que brillan bajo la luz de la luna.



Fantasia

That afternoon the sky shined out with soft pearly colors, lightning yellows and bright oranges over a dark violet only overshadowed by the dirty and gray dust that rose from the city. The chill announcing the night was sweeping away the heat of the day and the clouds shined just if they were broken glass thrown to the sky, above a dying sun that faded under the horizon line; it was a sunny and warm day, beautiful for many, but for me with the sun were fading away also my hopes, I wished I could have extended my hand and stalled just for a second that agonizing day that was taking away my delusions, that hauled me inevitably to the darkness of the night, but when I looked again to the horizon, the last sunshine already died behind the mountains.

Am I exaggerating? Maybe, but I can’t be sure, how can I be sure? Am I not happy with what I have in the end? Wasn’t me the one who decided this? No! I won’t allow you to point the finger at me! Let me remind you I’m not alone in this. Who the hell can feel such melancholy watching such splendorous sunset? I don’t know, but I want to think I’m not the only one. Maybe its just my overwhelmed imagination, maybe my friends are right and this supposed curse that hangs over my head is just a ridiculous and senseless superstition. Is it true? I wish it was that easy to just ignore all that has happened and just pretend that I’m fine and the world is beautiful. Maybe it is beautiful, but I just can’t find sense in all that beauty, isn’t the sunset proof enough? Look to those colors, look the perfection of those clouds that swirl up there… but, are you stubborn? What is the use of all this? Why do you insist in torture yourself? Its not my own choice, if its what you wanted to hear, if I could stop all this right now believe me I would, but I just can’t.

Did I really lose my sanity? No, I know I didn’t, she exists, even if they never saw her, what do they know of what I lived? Were they even there anyways? She was in my arms, I just need to close my eyes to remember it, to feel again the softness of her skin, I still can smell the fragrance of her auburn hair and my lips still burn for that kiss under the magic starlight. No, I definitely can’t pretend all that didn’t happen, that those beautiful and enigmatic grey eyes were just a senseless hallucination and that everything was a product of my overwhelmed imagination.

Maybe one day they will convince me of her nonexistence, maybe one day I really decide to listen to my fathers and all those who insist that I leave that stubbornness that apparently keeps me away from the girls of my age, but if they would see that I have tried that too much times and I have been hurt enough already. Before her all I ever got were worries and cruel deceptions. Wasn’t I supposed to understand the message? I became confident of those who I wanted to win over and love, such a good friend that it was impossible to love him in any other way, even now they come to me knowing I’ll listen and understand, and maybe even help them solve that insolvable situation with the man they love. But my role is annoying, I hate it with my soul, I’m tired to be told how good I am, to be called angel, of this doom of always see the love under my nose but without tasting it.

What are you saying? That I asked to be the black knight? Shut up right now you fool! I never wished for this, I never asked for this cruel solitude, solitude that wouldn’t be that crude if there wasn’t something everywhere that reminds me of that happiness that I never knew. I don’t need anyone to come and tell me to have faith, to tell me that this someone will appear when I expect it the less, to tell me that I shouldn’t be stubborn and obstinate. How to explain them it’s not stubbornness? It’s just madness... how can I look for someone around me who doesn't exists? In the end all I gained was to loss slowly all hope of finding her in the middle of that tawdriness called “true love”, because for me it already disappeared, it became the unreal image of an unattainable happiness that once I thought I had in my grasp.

Should I forget about her? Yes, maybe that is the solution, but I wish it was that simple. But I can’t even set her aside of my thoughts, she’s still in me every single moment. How can I make them realize of the hypocrisy they ask from me? How the hell can I show them how low is to compare endlessly that kind and sincere someone who only seeks for my love and understanding, with Her? Its unsustainable: I look to the future and I don’t see me by the side of that someone, in the opposite, the more I look to that future, the more I realize that by my side there’s only place for Her.

But perhaps what all those who calls me stubborn and obstinate should understand is that there’s no other way that things could have happened, that this is what I earned for defying my own fate and for daring to jump that gap that divided our universes: to be called insane lunatic. But to be honest I really don’t care for that if –in the end- it’s the fair price for loving Her. Didn’t I asked to be the Black Knight? Didn’t my author warn me that this meant to be alone forever? Wasn’t I supposed to understand that this is my path? Isn’t this the fair punishment for the grievous insolence defying him in his own story by going looking for Her to Her world despite all? Maybe yes, maybe I deserve well this punishment and I should be held prisioner for the rest of my life within the pages of this book at the mercy of fate, and even worse: knowing that she really aint that far, because how far is the obverse of this page? Seems like almost nothing, it’s just at the other side of the universe. Yes, maybe yes, if I was a little more patient I would have discovered that my author planned to change my fate to put me by Her side, but my insolence enraged him, and I have been doomed forever, I know it and I accept it, it’s a fair price for loving Her.

What should I do? Should I tell this to all those who call me crazy? They will never be able to understand it because for all them I’m just a liar who invented her, I’m a poor fool in love with a fantasy, I’m a selfish lover of the night and the solitude it radiates because the same solitude consumes me, and there is no way I can get rid of it, not today and not ever. I live alone, I walk alone, I look around me and I’m still alone, faithful lover of a fantasy, crying like a stupid fool who hopelessly tries to weep endless tears that glitter under the moonlight